Los sucesos del 18 de septiembre de 1949 marcaron un hito en la historia de este terruño que se regocija de tener una rica tradición de luchas y de líderes obreros.

A la vuelta de 65 años este triste acontecimiento es recordado por dos hombres que ya peinan canas y aunque algo lejano en el tiempo, aquel día viene a sus mentes con una claridad sorprendente.

Raúl Yero Pérez, que en aquel entonces era trabajador del Central Francisco, cuenta que venían de Guayabal de un juego de pelota y llegaron al sindicato para ver cómo andaba la asamblea en la que Amancio iba a hablarle a los trabajadores.

“De pronto empezó el tiroteo y se armó la confusión, y yo solo recuerdo que sacaron los cuerpos ya casi sin vida de Amancio y Oviedo”, rememoró.

“Después vino el velorio que fue algo muy grande; todo el pueblo se movilizó y me acuerdo que una de las organizadoras fue Clemencia Cabrera, una líder comunista muy reconocida por su valor. El entierro fue una demostración del cariño que la gente le tenía a Amancio, el féretro lo cargaron sus compañeros hasta el cementerio donde hoy descansan sus restos”.

Con unos 14 ó 15 años, Iraldo Jiménez Milanes se subió a una mata de guayabas en su casa que quedaba cerca del Sindicato Azucarero cuando sintió los tiros y vio cuando sacaban a los dos hombres heridos y a la multitud de personas corriendo y diciendo que habían matado a Amancio.

“Yo fui al entierro con mi familia; aquello fue algo inexplicable, una cantidad enorme de personas, la casa estaba llena de gente, porque Amancio se había convertido en alguien muy importante para los azucareros y ya le había ganado muchas peleas a la compañía y no era muy bien visto por el gobierno, por eso habían planeado su muerte”.

Su padre, Pedro Jiménez Entenza, era militante del Partido Socialista Popular (PSP) y por participar en una huelga estuvo varios años sin trabajo en el central “Francisco” hasta que triunfó la Revolución.

Iraldo aún guarda una foto de células comunistas de aquella época, donde aparecen José Caridad Rodríguez, Flora Chacón, -la esposa de José Oviedo-, y otras personas que eran compañeros de Amancio.

Manifiesta su deseo de donarla al museo que lleva el nombre del líder azucarero, para que las nuevas generaciones conozcan sus desvelos para construir un futuro digno.

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