El pregón es parte inseparable del folclor de los pueblos.  En Cuba, su  origen se remonta al crisol que dio paso al nacimiento de la identidad  nacional. A través de la historia esta herramienta ha tenido sus altas y bajas en correspondencia con el desarrollo económico y social del país.

Utilizado como soporte para anunciar servicios y productos al público, el pregonero es un personaje cotidiano, mitad comerciante y mitad músico o poeta. En cualquier pueblo y ciudad de la Isla era sinónimo de alegría, ingenio y dotes artísticas.  

En nuestros días se echa de menos el canto de los vendedores ambulantes, hecho con musicalidad y buen tino para vender, así lo refieren pobladores del municipio de Amancio.

“El pregón lleva implícito un mensaje novedoso y original, lo que hace más atractiva la oferta para el comprador. También se distingue por su contenido poético y musical en tono declamado, según el ingenio del vendedor o el anunciante”, refirió el escritor Juan Bautista Benítez.

Afirmó que en la actualidad, esta tradición sufre un cierto declive, por lo que los vendedores, -en su mayoría acogidos al trabajo por cuenta propia-, lo utilizan de forma muy escueta y sin colorido; solamente anuncian el producto sin agregar palabras bellas o rejuegos metafóricos para lograr la atención del cliente.

Trabajadora del Centro Municipal de Higiene y Epidemiología en Amancio, la Máster Lourdes Salvador Blanco aseveró que muchos pregoneros apelan al doble sentido explícito, y en algunos casos se denota cierto grado de pobreza en el lenguaje, haciéndolo poco atractivo y hasta chabacano.

“Yo recuerdo cuando era niña, por mi casa pasaban muchos vendedores de maní, dulces de coco, cremitas de leche, melcochas, y otros productos, así como los llamados viajantes, pregonando con elegancia y buen gusto sus mercancías; eran personas simpáticas y cultas”.

Los pregoneros han sido inmortalizados por las distintas manifestaciones del arte, ahí está la obra “El Manisero”, de Moisés Simon y magistralmente interpretada por Rita Montaner. 

Los tiempos han transcurrido vertiginosamente, pero lo cierto es que no todos los pregoneros denotan imaginación y musicalidad en sus improvisaciones, lo que pone en riesgo el sostén de una parte esencial de nuestra cubanía.



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