Diarios, revistas, estaciones de radio, canales televisivos, la Internet, Facebook, Twitter,… replicaron por doquier el acontecimiento. Con indiferencia o no, los seres que habitan la Tierra (cuya cifra supera los 6 000 millones, según estadísticas recientes), supieron que una diosa de cristal, con un talento incomparable para la música, se hizo añicos por culpa de las drogas y la idolatría  desmedida de grandes multitudes.

Considerada como una de las voces más célebres del siglo XX, la cantante norteamericana Whitney Houston cerró sus ojos para siempre, dejando un sabor amargo. Nadie se esperaba, o quizás sí, el fatal desenlace.

Durante su carrera, la Houston llegó a la cima del estrellato. El libro de los Récords Guinness la exalta hoy como la artista más laureada de todos los tiempos, con 2 premios Emmy, 6 premios Grammy, 30 premios Billboard Music Awards y 22 American Music Awards, para un total de 415 galardones. Asimismo, ha vendido un número considerable de discos: más de 170 millones de álbumes, sencillos y vídeos, solo superada por ese gran mito que fue Michael Jackson.

Pero el precio de la fama, ese maldito componente del star system amparado por el american way of life, le cobró sus negras cuentas. En los últimos años, una adicción incontrolable a las sustancias psicotrópicas y al alcohol, comenzó a minar el cuerpo, la mente y la portentosa voz de la intérprete de sonados éxitos, entre ellos el icónico I will always love you.

Sucesos de este relieve, sacuden no solo al mundo de los espectáculos, sino también a otras esferas. Por estos días los tentáculos del dopaje alcanzan a conocidos deportistas, tal es el caso del ex ciclista alemán Jan Ullrich, quien fue despojado de su palmarés por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), luego de comprobarse que participó en la Operación Puerto, y en la cual están involucrados varios atletas.

También el pedalista español Alberto Contador, ganador del Tour de Francia de 2010, fue castigado por un período de dos años. ¿La causa de ambos escándalos?, el consumo de sustancias como la eritropoyetina y el clembuterol, para aumentar el rendimiento físico.

Historias como estas, no son exclusivas de los famosos. En las sociedades capitalistas, donde se le rinde culto a las “libertades civiles e individuales” y al consumismo desenfrenado, la gente común, lo mismo da niños, jóvenes y adultos, acude a los alucinógenos para escapar a una realidad denigrante y autodestructiva.

Mientras, se anuncian las exequias de la malograda Whitney Houston. Su muerte ha disparado las ventas de discos y las descargas on line de canciones insuperables, e incluso se habla del próximo estreno de una película, con la que pretendía reconquistar el trono perdido.

Ella dejó un sabor a glorias pasadas. La fama le sonrió igual que el brillo de una estrella fugaz. Hoy nos dice adiós con la amargura de quien nunca logró salir de un abismo cruel y  deshumanizante.        

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