Hace aproximadamente un año, en estas mismas páginas, comenté que la zafra azucarera no era una acción de cortar y moler. En esa ocasión hice referencia a los  necesarios  poquitos para que el proceso industrial más importante que se desarrolla en  esta localidad tunera desde 1910,  fuera eficiente y llegara a feliz término.

Ahora, ante la inminencia de la contienda cañero-azucarera pongo sobre el tapete muchas de aquellas disquisiciones. En primer lugar considero que la atención a las necesidades espirituales y materiales del  ser humano deben y tienen que estar en el colimador de los responsables de organizar y conducir esa actividad productiva.

En cuestiones relacionadas con la producción de azúcares y sus derivados, nada se puede descuidar.  Hay que explicar hasta la saciedad las razones que hacen de la zafra un blasón en las tradiciones locales. Imprescindible resulta  motivar y comprometer a las mujeres y hombres protagonistas de la contienda, no con meras curitas, sino con soluciones y verdades reales y concretas.

El hombre como centro de la zafra debe estar atento  y conocer diariamente la marcha del proceso. Dominar  cuáles son los nudos que la frenan, dónde están y cuándo llegan las posibles soluciones, no como ente pasivo sino como protagonista activo y elemento decisivo en  la erradicación de fallas técnicas e insuficiencias operacionales, además de incidir en el cumplimiento de los principales planes productivos.

En cada área, no sólo del ingenio, también de los cañaverales, talleres automotores y ferroviarios, tripulaciones de trenes, camiones, en pelotones y brigadas del corte,  alza y tiro debe estar la información precisa y veraz de cada uno de los pasos de la zafra.

Si los protagonistas de la actividad no están informados y motivados, es muy difícil llevarla a feliz término. La administración y el movimiento sindical, sin consignas y huecas palabrerías y, mucho  menos, falsas promesas, son insustituibles en el accionar consciente y firme de cada trabajador.

A todo esto agrego la necesidad de hacer más agradable la estancia de obreros y trabajadores en sus puestos de labor, entiéndase: limpieza, iluminación, dispensadores de agua, baños, meriendas (a su hora  con calidad y variedad), medios de trabajo y protección.

Si estos elementos y otros no mencionados por este comentarista se concretan, entonces podemos afirmar que el cumplimiento de la  zafra azucarera en Amancio, es una cuestión de honor y  un compromiso real y alcanzable con nuestra economía.

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