Cuando escogí el periodismo como profesión hace 20 años, nunca llegué a imaginar la tremenda responsabilidad que asumía con la sociedad y conmigo misma.

En el preuniversitario lo veía como una aventura y luego en la universidad todavía no imaginaba cuánto de empeño, esfuerzo, y amor hay que dedicarle a este oficio.

Y ya en pleno ejercicio me fui formando poco a poco; recuerdo las primeras informaciones, las primeras entrevistas, las primeras crónicas que escribí; adaptarme a los estilos y a las normas técnicas para la redacción periodística fue una tarea ardua que requirió de mucha “calle”, como decimos en nuestro argot profesional.

Porque desde ese instante que entramos por la puerta ancha de la noticia, nos convertimos en maestros, en formadores de conceptos, ideologías, patrones de conducta, hábitos y estilos de vida, y de cultura, es decir, somos comunicadores por excelencia.

Emitimos juicios, valoraciones, nos complace ver a la gente sencilla que nos detiene en cualquier parte para comentar el último acontecimiento,  transmitirnos sus dudas, que nos diga lo que les gusta o no de nuestro trabajo, porque es una muestra de confianza en lo que hacemos  y eso nos obliga a trabajar más y mejor.

Para el reportero consumado y consagrado en cuerpo y alma a su trabajo, no hay horarios establecidos, ni días festivos. Lo mismo  estamos presentes en cualquier lugar y a cualquier hora, o circunstancia para que nuestro pueblo tenga la noticia de primera mano; definitivamente, somos soldados de la Revolución y de sus conquistas sociales y a ella nos debemos.

Somos fieles discípulos de Martí. Con la fuerza de sus ideas plasmadas en el periódico Patria, el periodismo también se ha hecho para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad. De Fidel aprendimos a transitar por el camino de la libertad y el decoro, y con la pluma en ristre poner la verdad por delante.

Por eso, hoy y cada día de mi vida vivo orgullosa de integrar el ejército de soldados que defienden los sueños y las utopías, porque como dijo el Maestro "Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre".

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