Todavía permanecen nítidas en mi memoria las imágenes transmitidas por Telesur aquel triste 5 de marzo de 2013.  Alrededor de las 4:30 pasado meridiano, la cadena multinacional dio a conocer la noticia del fallecimiento de un hombre que hoy es leyenda viva: Hugo Rafael Chávez Frías.

Fue un momento en el que todos caímos en un letargo silencioso. Los reporteros dan pormenores del deceso de quien logró alcanzar la gloria con humildad, valentía y coraje hasta en los minutos finales de su adiós definitivo.

La muerte nos lo arrancó en la plenitud de sus facultades y con muchos sueños para el bien del mundo, que para él sí era posible cambiarlo.

Chávez conquistó los corazones de hombres y mujeres con una fe infinita en el triunfo de las utopías. Nadie como él supo aquilatar la pureza de los ideales de justicia, solidaridad, independencia e integración.

Chávez es más que corazón de pueblo; su legado representa un lucero en el firmamento de la dignidad. En tan poco tiempo logró hazañas nunca antes soñadas, sin importarle los beneficios personales ni el afán de grandeza, dedicando lo mejor de su vida a los desposeídos.

Chávez superó todos los pronósticos. Sembró y cosechó frutos en el largo camino hacia la paz, abriendo nuevos senderos para convertir la Tierra en un sitio feliz y libre de odios y mezquindades.

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