El ejemplo del más universal de los cubanos, nuestro José Martí, nos inspira para continuar la lucha, sus ideas traspasan las fronteras del tiempo y llegar a nuestros días como símbolo de voluntad férrea, patriotismo y humanidad.

Su dignidad, su amor a la patria, a la libertad, a las causas nobles y justas nos sirven de brújula para indicarnos el camino a la construcción de un mundo mejor y posible como fue su sueño y que hoy se consolida en el ejemplo de la Revolución Cubana, esa que soñó con todos y para el bien de todos.

Su doctrina es fuente inagotable para quienes beben de su sabiduría, y su prolífica obra, lo convierten en el más universal de los cubanos de todos los tiempos.

Su verbo encendido lo acompañó en su propósito de juntar a los patriotas para la guerra necesaria.

Su pluma y su corazón siempre al servicio de la causa libertaria, acompañado de su fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud. 

El apóstol cubano fue un hombre de elevados principios, y cualidades humanas, que trascendió su época y se convirtió en el más grande pensador del político del siglo XIX.

Su legado trasciende las fronteras del tiempo y el espacio para mostrarnos al hombre, al amigo sincero, al maestro, al patriota, al revolucionario a carta cabal que fue Martí, un ser humano de talla extraordinaria que sobresale por su universalidad.

En Dos Ríos aquel nefasto 19 de mayo de 1895, se desplomó sobre su caballo el cuerpo inerte, pero brilló con más luz la estrella solitaria para iluminar el camino de la independencia cubana y de Latinoamérica toda que se junta hoy como la plata en las raíces de los Andes para no dejar pasar al gigante de siete leguas.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar