La experiencia de ser madre es algo delicioso, especial, que no se puede comparar, es el gozo inexplicable de todos los sentimientos que se agolpan y te hacen vivir por esa pequeña personita que desde que sabes que vive y se forma dentro de ti, a partir de desde ese momento no habrá tregua, ni descanso, te convertirás en una guerrera incansable para hacer tu mejor obra, para superarte en todos los sentidos.

Y cuando llegue la hora feliz te enternecerá contemplar esa breve figura que casi se escapa de los brazos y dejarás de ser tú para dedicarte en cuerpo y alma a brindarle amor, protección y cuidados.

Así será a lo largo de la vida porque siempre estarás ahí pendiente de sus preocupaciones, alegrías, tristezas, de sus logros, porque las madres son las mejores consejeras, las mejores sicólogas, las mejores maestras.

Ellas son templos de amor, fuentes inagotables de dulzura, hadas que con sus manos truecan lo sucio y lo convierten en maravilla con su paciencia y desvelo.

Se desdoblan en agotadoras jornadas pero con esa energía envidiable siempre están listas para cuando las necesitas, y con la mayor de las sonrisas y el beso cálido en la frente decirte estoy aquí para darte la seguridad que necesitas y seguir adelante.

Son un regalo de la vida esos seres especiales en los que nos refugiamos cuando necesitamos el consejo, el regaño oportuno o el abrazo cariñoso.

Por ello aproveche este segundo domingo de mayo y hágalo extensivo a  todos los días del año para demostrarle a Mamá, que ella es  imprescindibles en  nuestras vidas.

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