El programa de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar tiene entre sus más genuinos exponentes a un amanciero que llegó al mundo para transformar sueños en realidades. Y no se trata de hacer producir la tierra, sino de la manera cómo se logra desde una arista más sana.

Cuando a penas comienza a aclarar, como decimos en el campo, ya Felipe Vega Padrón está haciendo de las suyas en la finca Tierra de Canán”, ubicada en el sector urbano del sureño municipio de Amancio.

Quienes lo conocen aseguran que son pocas las horas del día que pasa en su casa. Quizás en su apego incomparable al huerto y organopónico que componen dicha finca, esté la respuesta a tanta dedicación y entrega.

Para él cada jornada es un franco desafío en tiempos donde la población exige más de los productores. Durante todo el año es usual encontrar variedades de hortalizas y vegetales frescos, con excelente combinación para poner en práctica el policultivo.

No existe un solo momento donde los canteros carezcan de sus preciadas especies que tanto aportan a la salud. Y es que detrás de esta magia agrícola están las manos y la inteligencia de un hombre que el paso de los años no dilata esa agonía estremecedora que lo hace tan sensible y humano.

Vega, como todos lo conocemos, está rodeado de personas increíbles, sus trabajadores. Sin ellos estos resultados serían imposibles. Representan un colectivo en el mayor sentido de la palabra.

Llegar a este lugar puede ser el milagro del día, porque de cada rincón brota una planta que rompe la superficie para, al salir, mostrar sus mejores galas. Esa es la clave para que Vega continúe transformando a la madre Natura, y obtener así la mejor de las recompensas.

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