Destacamento Pedagógico Manuel AscunceConfieso, que  a pesar de tener formidables maestros y profesores, nunca tuve vocación para el magisterio. Pero la vida… ¡ay la vida! Un buen día cuando cursaba el décimo grado nos citaron a un mitin. ¿El objetivo? informarnos sobre un llamado de Fidel para integrar el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Doménech.

Ahí mismo se desvanecieron mis  ínfulas de convertirme,  por obra y gracia del estudio,  en el primer Doctor en medicina de mi familia. Cuando terminó el mitin mi nombre figuraba entre los primeros dispuestos a formarse como profesores y aseguro que no fue,  por el orden alfabético.

Un mundo inédito se abrió ante centenares de jóvenes, que como yo, iniciamos  hace 40 años,  aquella aventura que con el tiempo, por lo menos para mí, se convirtió en pasión  al ser reconocido como profesor.

Recuerdo que en los pasillos de aquellas escuelas secundarias básicas en el campo, muchos de los alumnos me llamaban profe y yo ni por enterado me daba, ignoraba que el reclamo iba dirigido hacia mí.

Mucho tiempo tuvo que pasar para adaptarme y tomar conciencia del  nuevo derrotero. Aulas, asignaturas, la mía siempre fue Historia, estudiantes, cátedras, pizarrón, profesor guía, preparación metodológica y muchos términos más se fueron acomodando, casi sin darme cuenta,  a mi quehacer cotidiano.

No me atrevería a negar que eduqué y también enseñé. Nunca renegaría del magisterio porque por esas cosas de la vida también tuve una gran dosis de aprendizaje. En aquellas aulas no sólo aprendí pedagogía, las lecciones  me llevaron de la mano del humanismo, la cultura general, la lectura y la sed constante  por alcanzar nuevos conocimientos.

Hoy cuando me llaman profe se inundan mis recuerdos de aquellos hermosos días, vienen a la mente alumnos, compañeros de estudio, directivos, maldades de  esas que nunca escasearon, en fin, toda una legión de remembranzas embadurnadas de nostalgia.

Ya la familia tiene, por ahora, dos Doctoras. Me realizo como educador en mis labores periodísticas y no he logrado  desterrar al maestro que llevo dentro. Agradezco a quienes  me educaron. Reconozco a maestros y profesores, doy gracias a la vida porque: sigo siendo maestro

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar