Esta es una deuda con un ángel que hoy no está entre nosotros. Aún recuerdo una desgarradora imagen donde un niño de apenas tres meses de nacido, estaba en los brazos de sus progenitores. La tristeza cubría el rostro de aquellos padres que lloraban desconsoladamente la partida temprana del pequeñín. Su nombre quedó grabado en mi memoria para siempre: Nathael Alejandro.

La historia de Nathael, de origen palestino y víctima de una guerra fratricida impulsada por el gobierno sionista de Israel,  puede ser la de cualquier otro niño de Afganistán, Iraq, Europa, América Latina, e incluso de los Estados Unidos de Norteamérica, país que tanto se ufana de su “filantropía mesiánica”.

La triste realidad de los infantes en el mundo es otra de las caras de la injusticia, la desigualdad y el egoísmo de los hombres. Millones de enanos bajitos son pasto del hambre, el tráfico de órganos, la prostitución, la miseria, las enfermedades, el analfabetismo y también de las ambiciones imperiales, que los convierten en perfectas máquinas para matar.

Mientras, en una pequeña isla del Caribe, asediada por las más disímiles estratagemas de un poderoso vecino, el futuro está asegurado para los pinos nuevos, como los llamó el Héroe Nacional José Martí.

La voluntad política de proteger la infancia en Cuba, se implementa a partir de los preceptos refrendados en la Constitución de la República y la Convención Internacional por los Derechos del  Niño y la Niña, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es por ello que las políticas en bien de los infantes privilegian las garantías para gozar de un sistema de salud y educación, que clasifica entre los más avanzados del planeta, y además los protege contra 13 enfermedades prevenibles, como la poliomielitis, la rubéola y la parotiditis, en tanto garantiza el acceso universal y gratuito a la enseñanza.

Los que saben querer tienen voz y voto para decidir y opinar; a nivel social tienen representación legal y jurídica a través de la Organización de Pioneros “José Martí”, en la cual toman conciencia de su protagonismo en el proceso socioeconómico iniciado el Primero de Enero de 1959, y que hoy marcha hacia senderos de actualización y perfeccionamiento.

En una sociedad que busca la satisfacción material y espiritual de sus conciudadanos, la formación de valores constituye una tarea de primer orden, tanto para la familia y las instituciones responsabilizadas con la niñez, pues de ello depende que los futuros hombres y mujeres de la Patria sean ejemplos de incondicionalidad, virtuosismo, honradez, y actuar sacrificado y responsable.

“Los niños son la esperanza del mundo”, es la sentencia martiana que ilustra los desvelos por ofrecer a los niños y las niñas de Cuba espacios vitales, pletóricos de amor y cuidados.

En otros confines de nuestra casa común,  las voluntades se truncan ante el hambre voraz que amenaza la existencia humana. Ya llegará el día en que los párvulos corretearán incansablemente, como mismo lo hubiera hecho Nathael Alejandro, a quien se le negó demasiado pronto el derecho de vivir.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar