Operación Tributo 2015 en Amancio. Foto: Rafael Aparicio CoelloLas huellas del recuerdo y  el sentimiento se incrustaron para siempre en cada rostro. Rostros unas veces ausentes, otras atentos, pero absortos en el acontecimiento   para a ratos perderse en los recovecos de la memoria y el dolor.

Una voz temblorosa y tomada por el tributo, se amplifica al enumerar 11 nombres. Un coro de  homenaje  y respeto repite con solemnidad y  al unísono: ¡Presente! Nada es ajeno al dolor y a la remembranza.

El tiempo regresa después de 26 años a seres comunes y corrientes, todos con virtudes y defectos. Una comunión de razas, edades, estaturas, grados de escolaridad, amores y desamores. Todos elegidos por la deidad del valor, la entrega y el desinterés.

El redoblante acompaña a los reclutas que portan las ofrendas florales dedicadas por Fidel, Raúl y el pueblo de Cuba. Las descargas de fusilería escoltan a  las gloriosas notas del himno de Bayamo,  el pendón tricolor ondea libre y digno en reverencia a los hijos caídos en otras latitudes.

La caballería mambisa truena en los campos de San Pedro. El mulato alto y fuerte, el mismo de tanta fuerza en el brazo como  en el pensamiento recibe la herida 26 y cae  junto al bisoño ayudante. Se hiere la patria, pero el ejemplo crece.

Lagrimas de dolor y orgullo abren cauces en mejillas entristecidas. Cuerpos jóvenes se empinan para seguir el ejemplo. El viento rebelde agita banderas. Muchas voces entonan cantos de amor y victoria.

Es 7 diciembre. El sol ilumina la mañana. La ceremonia se repite por vigésimo sexta ocasión consecutiva, pero allí se mantienen las huellas del recuerdo y  el sentimiento que se incrustaron para siempre en cada rostro.

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