La participación del movimiento obrero en los asuntos económicos  también es una prueba contundente de que la democracia participativa e incluyente de la ciudadanía en la mayor isla del Caribe se integra al propósito de mantener la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción.

En este sentido, el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) abogó por el fomento masivo de una cultura económica de toda la población, de modo que tal precepto aparece en los Lineamientos que rigen el proyecto de actualización del modelo económico insular, teniendo en cuenta las experiencias pasadas, la evolución y proyección del escenario político mundial, así como la situación de la economía cubana en dicho contexto.

Un ejemplo de lo expresado anteriormente se evidenció en el desarrollo del proceso de asambleas  sindicales para el análisis de los planes  económicos y del presupuesto del año 2012, donde sobresalió la preparación de los trabajadores amancieros en ambos temas cruciales.

El cronograma se cumplió con la realización de los 257 encuentros previstos, donde participaron 9769 obreros, además de planificarse 15 asambleas de representantes para evaluar el cumplimiento de los acuerdos adoptados en dichos encuentros.

Como resultado de los análisis, fueron tomados 473 planteamientos los que serán objeto de seguimiento en una segunda fase en aquellos organismos que cumplieron con el programa establecido.

El aseguramiento material a la producción o los servicios, el período de tiempo durante el cual se garantizarán los recursos, la disponibilidad de combustible y electricidad, las condiciones de trabajo, el cronograma inversionista, el cumplimiento de los contratos y los mantenimientos, las medidas de ahorro que se adoptarán, la garantía de instrumentos de trabajo y medios de protección, y los sistemas de pago, se cuentan entre los aspectos claves en los que cada hombre y mujer indagó en el seno de su colectivo.

La clase obrera del más occidental de los municipios tuneros ratificó su madurez política y económica con una perspectiva objetiva y realista sobre los niveles de producción y servicios, bajo el principio de que, con los recursos disponibles, es imperioso incrementar la productividad, la disciplina, el aprovechamiento de la jornada laboral, y el ahorro, entre otros.

Premisas estas indispensables para la nueva política económica cubana, que se corresponden con el principio de que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución.

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