Mientras en el mundo se dedican recursos y tiempo en planes belicistas y conflictos de todo tipo, en una pequeña Isla del Caribe, bloqueada y asediada por un férreo cerco económico, comercial y financiero, los niños y las niñas constituyen el centro de  atención de diferentes programas destinados a mejorar su calidad de vida.

La alimentación de los infantes es un tema que preocupa a las autoridades cubanas, insertadas dentro del Programa Mundial de Alimentos (PMA), para lo cual se invierten cuantiosos recursos.

El conocido Fortachón, cereal elaborado a base de maíz, y soya, fortificado con vitaminas y minerales imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de los pequeños es un ejemplo de ello.

Este alimento forma parte de las estrategias implementadas por el Programa Nacional de Prevención y Control de la Anemia, que a su vez, es atendido por el Centro de Promoción y Educación para la Salud (CPES).

El contenido de este suplemento, rico en hierro, zinc, calcio, complejo B, y vitaminas A, y C, previene de enfermedades como es el caso de la anemia, que puede aparecer con frecuencia entre los niños.

El municipio de Amancio no está ajeno a este importante programa y ya se culminó la entrega del Fortachón, hasta el mes de abril, en una proporción de dos paquetes mensuales de 500 gramos cada uno, de forma  gratuita.

Lo reciben  los niños y las niñas de cero hasta dos años, once meses y veintitrés días, además de mujeres en estado de gestación con requerimientos nutricionales especiales.

Según cálculos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), cada día mueren 25 mil niños en el mundo a causa del hambre y la pobreza, y al año fallecen 6 millones de niños menores de cinco años por las mismas razones.

En Cuba la realidad de los infantes es diferente. La suerte de vivir en un país que le ofrece garantías alimentarías que están contenidas en la Convención de los Derechos del Niño marca la diferencia.

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