Para el pequeño Norge Osberto Corona Hernández enfrentarse a una competencia nacional de ajedrez, es una experiencia difícil de olvidar, pues en sus cortos nueve años de edad, nunca se había alejado de su casa.

Ahora el Gallego, como todos cariñosamente le llaman, está seguro del camino que quiere emprender sin apartarse nunca de su pequeño tablero.

“Yo quiero ser un gran ajedrecista porque es el deporte que me gusta; primero quise ser pelotero, pero ahora que conozco el mundo de los trebejos, lo prefiero más”, responde el intrépido muchacho, con una gracia sin par, caracterizada por su hablar rápido y con pocas  pausas.

Sin embargo, no pierde de vista su principal  prioridad, concluir el cuarto grado con buenas notas; por eso bien temprano, mochila al hombro, se dirige hacia el Seminternado Abel Santamaría Cuadrado, y al concluir las clases, sus compañeros de partida lo esperan ansiosos.

Ahora Osbertico sigue con detenimiento el desempeño de un pariente suyo, considerado un ídolo del juego ciencia en Cuba, Amador Rodríguez Céspedes, único jugador que dio el gran salto que presupone ser Experto Nacional en 1974, y Gran maestro tres años después, sin obtener previamente el titulo de Maestro Nacional.

Aunque no aspira ser una estrella del ajedrez, sí sueña con representar a su terruño en eventos nacionales e internaciones.

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