Como en la anterior visita del Papa Juan Pablo II, acontecida en el año 1998, los cubanos se aprestan a dar una muestra de afecto y respeto a Su Santidad Benedicto XVI, máximo jerarca de la Iglesia Católica, en la primera de las dos misas que oficiará hoy en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, de la ciudad de Santiago de Cuba. 

El Sumo Pontífice hablará ante creyentes y no creyentes en un acto solemne en conmemoración de los 400 años del descubrimiento de la  imagen de la Virgen de la Caridad en las aguas de la Bahía de Nipe, actual provincia de Holguín.

La leyenda de la Virgen cubana, llamada luego del Cobre,  se remonta al año 1612, cuando dos hermanos, descendientes de indígenas, Juan y Rodrigo de Hoyos, y un negrito de nueve o 10 años, llamado Juan Moreno, “en trance de transculturación”, como lo definiera el Doctor Eusebio Leal Spengler, buscaban sal en el oriente cubano y divisaron la imagen, flotando en el mar.

A partir de ese momento, comienza un proceso transculturador de profunda raigambre nacional, en el que la fe cristiana y el pensamiento revolucionario e independentista se abrazaron en un solo objetivo: conquistar la plena libertad de la Isla en una conjunción única de espiritualidad y Patria.

Se conocen muchos pasajes de la historia en los que la Virgen de la Caridad, ocupó un lugar preponderante en las ideas y el pensamiento que iluminaron las ansias libertarias de figuras prominentes, abriendo el camino hacia la total y definitiva independencia cubana, el Primero de Enero de 1959.

El Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, en una conferencia magistral sobre el tema, destacó la dedicación de Don Fernando Ortiz, padre de la etnología insular y considerado el tercer descubridor de Cuba.

Al respecto, dice lo siguiente: “Su imaginación -refiriéndose a Don Fernando-, le había llevado a investigar el huracán, vocablo indígena que define esos fenómenos de la naturaleza en esta parte del mundo, relacionándolos con las espirales dibujadas por los aborígenes en la piedra de las cavernas. Asimismo, con igual interés, se dedicó a indagar en la devoción de aquella imagen cristiana que, en Cuba, se había aparecido precisamente durante una tormenta, además de explicar la singularidad de su representación iconográfica”.

“Puede decirse sin temor -afirma el historiador-, que la canoa de los tres Juanes- quienes se expresaban en castellano, y uno de los cuales podía leer la tablilla en que la imagen se identificaba a sí misma-, era ya cabal representación de nuestra existencia insular, de los elementos étnicos y culturales que sustentan su porvenir”.

“La Virgen de la Caridad del Cobre -anotó Ortiz en un enjundioso estudio-, que fue Virgen trigueña para los castellanos conquistadores, llegó a ser, por una frecuente paradoja de las creencias populares, la Virgen cubana, la Virgen mambisa y antiespañola, según decía el sentimentalismo de los patriotas cubanos exaltados, cuando el hervor de las contiendas separatistas; oponiendo entonces la Virgen de la Caridad del Cobre a la Virgen de Covadonga, que era tenida por la más intransigente metropolitana e integrista”.

En la prensa cubana revolucionaria de finales del siglo XVIII, aparecen ideas de Don Fernando salpicadas de picardía afirmando que “la Virgen era insurrecta, y se pasaba en la manigua semanas y meses seguidos, según cuenta la tradición, apareciéndose luego en su santuario de El Cobre, manchada de lodo, y cubierto de zarzas el vestido”.

En el devenir de la historia cubana, la presencia de la Virgen del  Cobre se ha convertido en motor impulsor de los sueños y anhelos de un pueblo que cada día se levanta con la fe inquebrantable en la victoria, frente a un mundo convulso y los constantes ardides de un poderoso enemigo –los gobiernos norteamericanos-, para acabar con un proceso social y humano auténtico.

Ahí están los ejemplos del Apóstol José Martí, figura cumbre del siglo XIX; el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes; la heroica y brava generación de los Maceo Grajales; el presbítero Félix Varela, el primero que nos enseñó a pensar…
Ya en la etapa más reciente del acontecer nacional, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, al hacer la lectura del  Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), expresó lo siguiente:   

“La unidad entre la doctrina y el pensamiento revolucionario con relación a la fe y a los creyentes tiene su raíz en los fundamentos mismos de la nación, que afirmando su carácter laico propugnaba como principio irrenunciable la unión de la espiritualidad con la Patria que nos legara el Padre Félix Varela y los enunciados pedagógicos de José de la Luz y Caballero, quien fue categórico al señalar: “Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres —reyes y emperadores—, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral”.

Cuando el Papa Benedicto XVI pise hoy tierra cubana,  encontrará un pueblo amante de la paz, la dignidad, el decoro; una nación que no sucumbe ante el odio y la intolerancia, sino que se levanta con pleno reconocimiento de la libertad religiosa y la fe de sus hijos, porque en ellos está la base del patriotismo y los ideales de independencia, conquistados por todos y para el bien de todos.        

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