El 14 de marzo de 1892 vio la luz el periódico Patria,  órgano fundado por José Martí,  para juntar y amar, cimientos de esa prensa que no es aprobación bondadosa, ni ira insultante, y que abrió el camino de las ideas y la emancipación nacional.

A 120 años de ese acontecimiento, los periodistas cubanos celebran su día inmersos en el perfeccionamiento del proyecto social que se construye en la Isla de la libertad y el decoro.

Los profesionales de la palabra son los centinelas insomnes de la Revolución; pluma en ristre y desafiando molinos, desentrañan problemas y  hurgan en lo más recóndito para sacar a flote la verdad.

No importan las condiciones del tiempo, cuando la naturaleza es adversa, ahí están bajo la lluvia y el viento aciclonado trasmitiendo la noticia en vivo para que el pueblo no pierda un detalle.

En las situaciones más peliagudas, bajo el fuego enemigo, se yerguen los reporteros, llevando a través de la voz, la imagen, la pluma y el sonido todo lo que acontece a su alrededor.

Junto al campesino, a la seño del círculo, al obrero, al médico, al soldado, al maestro, está el oficio periodístico junto a los protagonistas de historias grandiosas.

Los periodistas nunca escriben de sí mismos; viven y sufren las alegrías y derrotas de sus compatriotas, su naturaleza permanece inquieta siempre buscando el detalle, desde la hoja que cae, hasta el más novedoso de los inventos humanos.

Por eso, los trabajadores de la prensa cubana ratifican su apego a las causas nobles, con lealtad, modestia y eterna insatisfacción con el quehacer diario, porque son un ejército que no rinde su bandera.

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