Manuel Elías Rivero Chamber

Amancio despide a Manuel Elías Rivero Chamber

Es la muerte el final de una senda, pero no la terminación de la vida. La muerte oscurece y nubla la existencia regodeándose en rincones insospechados, tendiendo emboscadas a la vida que continúa más allá  del percance mortal.

Con esa premisa es que tus fértiles huesos irán a la madre tierra, no para convertirse en polvo inservible, sino para abonar los nuevos amaneceres que colgados de  eternidad te permitirán fundar, amar y guiar.

Con tu fallecimiento, Manuel Elías Rivero Chamber, se confirma la martiana predicción de que la “La muerte es una forma oculta de la vida” y que “No mueren los que a la ciencia y la patria hicieron bien”

Tu deceso es la confirmación y  valía del tránsito por las andanzas infantiles de juegos y travesuras; es la certeza de las clarinadas del hijo amoroso, hermano confiable y padre ejemplar.

La oscuridad de la muerte jamás podrá borrar tus trazas en las filas de los jóvenes rebelde, el talento demostrado en esferas tan disímiles como normador, o interventor, las jornadas en la fábrica Primadera, la  dirección del Ministerio de Trabajo, las filas de los milicianos y un puesto en transporte.

También se inscriben entre tus desvelos las labores en los talleres Camilo Cienfuegos, el antiguo INIT, el MINCIN, el Comité Militar, dos años de puro internacionalismo en la República Popular de Angola, además de tu militancia en la UJC y el Partido.

Manuel Elías Rivero ChamberEl más universal de todos los cubanos sentenció: “Cada cual, al morir, enseña al cielo su obra acabada, su libro escrito, su arado reluciente, la espiga que segó, el árbol que sembró. Son los derechos al descanso: ¡triste el que muere sin haber hecho obra!…”

Y aquí queda tu obra con  la evidencia de una vida dedicada por completo al beneficio colectivo. Nunca pensaste en ti, preferiste hacerlo por los demás, eso lo pueden asegurar tus electores, quienes por 35 años confiaron y depositaron el bastón comunitario en tus manos.

Los campos santos son semilleros donde crecen las flores de la vida, donde el recuerdo puro y sincero, enaltece y empina a los que honores rinden, regando la tierra con la sublime virtud  para eternizar la existencia más allá de la muerte de la carne y los huesos.

Al cabo de los 71 años se cierra una etapa de tu vida, pero en el recuerdo de tus hijos, familiares y de quienes te conocimos y apreciamos, quedaran tus enseñanzas  y virtudes para empinarse a hacer volar a los cuatro vientos la máxima martiana de que: “Morir no es nada, morir es vivir, morir es sembrar”

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