La expectación mantiene en vilo a la comunidad internacional luego de los acontecimientos derivados de la intentona golpista orquestada por senadores paraguayos contra el presidente constitucional Fernando Lugo, en un hecho sin precedentes en la historia de la democracia latinoamericana.

Como es habitual en estos casos, salen a la luz pública extraños entuertos por legitimar la acción de los usurpadores que laceraron el orden institucional en ese hermano país, como ocurrió en Honduras en 2009.

Analizando los reportes de medios de prensa, es fácil adivinar que detrás de la asonada  aparecen fuerzas políticas atrincheradas en la oposición y poderosos entes económicos de la oligarquía nacional, entre ellos los grandes productores agrícolas agrupados en la Unión de Gremios de la Producción (UGP), quienes aceptaron jubilosos la destitución de Lugo.

Las reacciones de rechazo a la felonía golpista se multiplicaron en las últimas horas. Un cable de la agencia informativa Prensa Latina, fechado hoy, indica que la presión política sobre Paraguay tras el golpe de Estado parlamentario contra el Presidente Fernando Lugo aumentó este domingo después de que Ecuador, Venezuela, Uruguay, Chile, Colombia y Perú retiraron o llamaron a sus embajadores en Asunción, mientras que el Mercosur suspendió a ese país para su próxima cumbre.

Argentina, Brasil y Uruguay, socios de Paraguay en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), anunciaron en la tarde de ayer su decisión de “suspender al Paraguay, de forma inmediata y por este acto” de la Cumbre de Presidentes del bloque, que se realizará el próximo viernes en Mendoza, ciudad argentina.

La decisión del Mercosur se produce después de que el propio Lugo afirmara a periodistas que irá a dicha cumbre en representación de su país, aunque todavía no hay ningún pronunciamiento oficial al respecto por parte del bloque regional.

Horas antes, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció en un acto militar transmitido en cadena obligatoria de radio y televisión que “retiramos al embajador, no reconocemos a ese Gobierno (de Federico Franco), y también vamos a retirar el envío de petróleo”.

“Nosotros no vamos a apoyar para nada ese golpe de Estado ni directamente, ni indirectamente”, complementó Chávez, quien tildó de “ilegal” e “inconstitucional” el juicio “exprés” al que fue sometido Lugo por el Senado de su país.

También Ecuador decidió retirar a su embajador en Paraguay “en rechazo a la destitución del legítimo Presidente Fernando Lugo y la instauración de nuevo régimen”, según escribió hoy en su cuenta de Twitter el canciller Ricardo Patiño.

En tanto, el destituido mandatario paraguayo se reunió este lunes en la sede del Partido País Solidario, en Asunción, junto a parte de quienes conformaban su gobierno ministerial, para planificar las acciones a tomar durante los próximos días.

El gabinete denominado de la “Recuperación Democrática”, lo presidió Lugo y contó con la participación de los exministros de Salud Pública y Bienestar Social, Esperanza Martínez; de Relaciones Exteriores, Jorge Lara Castro; de Gabinete Civil, Miguel Ángel López Perito; de Información y Comunicación, Augusto Dos Santos, entre otros.

Un reporte especial de la cadena TELESUR precisó que, según algunos de los ministros, en la reunión se estudiaron las acciones tomadas contra la ruptura del hilo constitucional en el país.

También se conoció que Lugo no tendría intenciones de regresar a la Presidencia de la República, y por ello de esta reunión saldrán las decisiones que marcarán el rumbo de la lucha democrática en esta nación suramericana.

Otro detalle interesante es que los embajadores llamados a consulta y las misiones diplomáticas extranjeras ya comenzaron a retirarse del país, intensificando así la presión contra el proclamado presidente, Federico Franco, quien se espera que este lunes anuncie su gabinete Ejecutivo, y por demás, solo ha recibido el visto bueno de Alemania, España y El Vaticano; incluso el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000),  se apresuró a decir que la destitución de Lugo “no configura un golpe militar” sino “un episodio cívico institucional”.

Así las cosas, el pueblo paraguayo aboga por la realización de manifestaciones pacíficas y emplear la cultura nacional como única arma para rechazar la defenestración forzosa de su presidente, elegido por la propia voluntad popular.

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