Vivero Forestal en Amancio. Foto: Rafael Aparicio Coello

El espíritu de Álvaro Barba Machado se multiplica hoy en cientos de hombres y mujeres consagrados al trabajo forestal.
Son sus discípulos quienes me inspiran hoy a escribir estas líneas.

Hombres y mujeres que cargan sobre sus hombres la infinita tarea de brindarles vida a los pueblos, llenándolos de pureza y oxígeno.

Seres imprescindibles que permanecen en el anonimato quizás porque no presumen de lo importantes que son.

Reyes Midas que colocan en la más pequeña obra todo el amor cuanto albergan en sus corazones, con ese espíritu que prevalece y se mantiene incluso hoy 21 de junio, día en que rendimos merecido homenaje a quienes luchan por repoblar nuestros bosques y ciudades.

Ahí están, cada día, esos hombres y mujeres, enfrentando adversidades, entregando amor, demostrando que no hacen falta alas para ser un duende.

Porque ellos,  los trabajadores forestales, son también como los duendes, seres mágicos que cuidan y protegen nuestros bosques, los hacen crecer y florecer para perpetuar la vida. 

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