Roberto Verdecia Pérez, amanciero que acompañó a Fidel CastroRoberto Verdecia Pérez, es un amanciero sencillo, humilde, común. A primera vista parecería uno más de los tantos lugareños que transitan cada día por las calles de esta ciudad tunera. Sin embargo este hombre, director municipal de Salas de televisión  en Amancio, pudo realizar su sueño de estar cerca de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en dos ocasiones.

Justo cuando nos preparamos para celebrar el 90 cumpleaños del máximo líder de la Revolución Cubana, “Robertico” como se le conoce, quiso compartir su experiencia de vivir esos momentos con quien, a decir de él, “es la persona más transparente del mundo, ha dejado de ser él para ser del pueblo, es lo máximo que he podido conocer en la vida“

“La primera vez que estuve cerca de Fidel, me encontraba cumpliendo el Servicio Militar Activo, era muy joven. Estaba en un grupo que realizaba tareas como especialista en la aviación y nos informan que habíamos sido seleccionados para garantizar la seguridad del Comandante hasta el Buque Escuela José Martí, donde luego realizaría un viaje hacia Jamaica”.

 “Años más tarde, a propósito de la efemérides del 26 de julio, fui aprobado por los Órganos de Control de las Fuerzas Armadas, también para proteger al Comandante, en un acto realizado en la ciudad de Santiago de Cuba”.

Recordar ambos momentos le resulta difícil porque asegura sentirse extremadamente orgulloso “siendo un guajirito de Las Marías, una zona rural, apartado del municipio Amancio, nunca imaginé que realizaría mi sueño de compartir en el mismo lugar con nuestro querido Fidel, además en operaciones tan confiables como cuidarlo”

Hablarle de Fidel, principalmente de los encuentros sostenidos, significa tocarle los sentimientos más débiles.
Emociones, lágrimas en los ojos y hasta momentos de silencio al no encontrar palabras exactas para expresar lo que siente, son algunas de las características del diálogo.

“Robertico” es así, tan sencillo como cualquier amanciero. Alguien que no presume de las oportunidades que le ha dado la vida, aunque sí le agradece, al menos, el hecho de haber realizado ese ambicionado sueño. 

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