Rafael Aparicio Coello

“Estar al lado de Fidel es como tocar las nubes. Fidel es inmenso no solo por su estatura física, sino por la magnitud de la obra que ese pensamiento creador ha legado a Cuba y a la humanidad”.

Así inició su relato el periodista Rafael Aparicio Cuello quien aún recuerda su encuentro con el líder histórico de la Revolución Cubana, cuando fue delegado al séptimo congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, en el mes de marzo de 1999.

Con esa modestia que realza su personalidad, asegura que ese privilegio pudo haber sido de cualquier otro colega. Sin embargo, sus condiciones como profesional de la prensa revolucionaria desafiaron al destino.

La fecha estaba marcada por la insistencia de la delegación de la provincia de Las Tunas a la magna cita. Estaban seguros que no regresarían a casa sin la instantánea que más anhelaban y que quedaría en la memoria del grupo.

“Era un programa para dos días, pero él con esa proverbial visión que tiene extendió ese encuentro a 4 0 5 días. Allí conversó con nosotros de lo divino y lo terrenal; habló de sueños, de realidades. Nos tuteó, lo tuteamos; se significó como uno más”.

Vuelve Aparicio Cuello a perderse entre aquellas vivencias que parecieran recientes. Como si el tiempo, se confabulara con las ansias de un reencuentro.

Llegó el día de la foto. Eran las 3 de la madrugada, nada tarde cuando se trata de largas jornadas de trabajos con Fidel al frente.

“Así que se quieren hacer una foto conmigo”; nos cuenta Rafael aparentemente firme, como tratando de controlar la emoción en la voz y su mirada. “Se paró como un pionerito en medio de la sala y allí acudimos. Los periodistas tuneros fuimos los segundos en hacernos la foto con el Comandante”.

Para completar el momento y que fuera perfecto, este amanciero estuvo a su lado. “Él puso su mano en mi hombro izquierdo; fue un momento imborrable que permanecerá junto a mí mientras viva”.

Pero el impacto del roce fue mucho más lejos. Cuando llegó a su tierra natal, el municipio Amancio, no puedo ignorar la inspiración. Nunca antes una crónica brotó tan fácil para un periodista. No sabe si fue la mejor de su carrera, pero la magia en las manos de Fidel, le provocaron un espacio para el género literario por excelencia.

“Fidel tiene un particular lenguaje con sus manos. Enfatiza, atenúa, es incisivo con sus manos; indica, niega y eso fue lo que me llamó la atención”.

Nuevamente la figura de un hombre ya universal mueve las fibras más apagadas de un ser humano. Quizás inexplicablemente; pero con la certeza de vivir un instante único.

Rafael Aparicio Coello

Rafael Aparicio Coello

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