Birán es tierra preñada por la fertilidad. Empinadas montañas presagian la existencia de un valle donde cañaverales y arroyos, comulgan  con frondosos algarrobos, que en complicidad con esbeltos cedros, dan cobija a un singular y pintoresco caserío. Ese sagrado sitio de la patria atrae la atención de muchos en este octavo mes del año.

Hasta allí dirigió sus pasos un centenar de egresados del III Contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, que venidos de diferentes provincias  cubanas, rindió  homenaje al compañero Fidel  en ocasión de su cumpleaños 90 en el lugar de su nacimiento.

Los visitantes cargaron en el morral la contenida emoción que siente cualquier mortal comprometido de la vida y combatiente en primera fila del ejército defensor de la dignidad humana. No era para menos,  la visita significaba caminar los mismos senderos que vieron crecer al hombre que cambió,  para bien, los destinos de Cuba.

Los nervios traicionaron al más ecuánime. Algunas mejillas se humedecieron ante el empuje rebelde de lágrimas de incontroladas sensaciones. Manos temblorosas sostienen la carta dirigida al Comandante, al fundador, mientras las palabras se entrecortan y ebullen al compás del sentimiento.

El recorrido junto a la casa de la abuela, a la diestra el hotelito.

Un poco más acá la oficina del telégrafo, el bar, el ciruelo afincado a la fértil tierra. Un algarrobo ofrece su sombra. Adalberto Hechavarría Alonso, un maestro devenido poeta, desgrana una décima parida con la luz de la admiración,  a su lado Teresa Fonseca Oropeza, la profe de Español, vierte desde sus entrañas la sincera composición poética.

En  la vista a la casona familiar: los muebles, las camas, las fotografías, juntos asumen el rol de guías y conducen a los visitantes por los vericuetos de la familia.  Cada rincón del inmueble sobrecoge e ilustra hábitos y costumbres, delata realidades y emociona el paso.  Ante todos aparece la escuelita de las primeras letras y el panteón familiar que guarda para la eternidad los ausentes.

Las palabras de Lázaro, el especialista del Conjunto Histórico Birán, resuenan y desnudan la grandeza de un hombre, nacido a imagen y semejanza de su pueblo.  Se enaltece al ser humano, a ese ser nonagenario convertido en bóveda de principios y dignidad.

El casi centenar de egresados del  Destacamento Pedagógico se monta a horcajadas  en la cresta de la Historia. Recrea los inicios, cuando aún adolescentes enfrentaron el llamado del genio revolucionario para suplir el déficit de profesores.

Agradecen la oportunidad y la formación  como profesionales y mujeres y hombres de bien. Echan a andar los principios y se cuelgan del compromiso, prestos para responder a cualquier llamado.  Mientras, el ómnibus serpentea la irregular carretera que anuncia el regreso con la Historia a cuestas.

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Poética (Fidel)
Décima (imporvisación para un homenaje)
Carta (entrañable Fidel)

 

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