Carmen White

Conserva los genes caribeños, esos que le dan identidad, y el regocijo de sentirse plena y viva.  En momentos de remembranzas, recorren los senderos de sus recuerdos pasajes donde el querido padre, jamaicano de pura cepa y la amorosa madre, de la misma nacionalidad, pero nacida en Cuba, se enseñorean en reflejos vivos y actuales.

Sus primeras letras llegaron de la mano de maestros que impartían la lengua paterna, asignatura obligada y que tenía como propósito el arraigo a las raíces familiares. Lo mismo ocurría con las comidas y el resto de las costumbres que marcaron ese carácter bonachón con  una sonrisa convertida en rostro de mujer.

En tiempos de juventud, entre los quehaceres hogareños y la rectitud familiar, se desenvolvió la vida de los tres hijos de un pintor que trabajaba en el central azucarero. Ella aún conserva las vivencias de una niñez alegre, tranquila, rodeada del cariño  y la educación de sus padres.

-Recuerdo que con las primeras personas que comencé a trabajar en adjudicación de caña fue Eugenio Nápoles y Pedro Ayón; ellos me enseñaron mucho. Luego trabajé en nóminas, colaboré con la intervención de las tiendas, en fin, trabajé unos 30 años en la industria azucarera.

-Te confieso que llegué a sentirme discriminada por mi color y condición de mujer. En una ocasión, una persona que después  quise y también me quiso mucho, dijo: Ḃquieren llenar esto de negros! No me amilané, seguí trabajando y demostré mis valores como ser humano.

-Soy un ser alegre, trato de llevarme bien con todo el mundo… jajaja… la naturaleza no me dio hijos, pero si sobrinos y miles de personas que me quieren. Mi mayor riqueza es el cariño y la amistad sincera de quienes me respetan y consideran.

-En mis semejantes admiro la honestidad con la misma intensidad que detecto la mentira. No soy triste, siempre tengo una sonrisa a flor de labios. No me arrepiento de nada. Si volviera a nacer sería la misma Carmen White Mills…jajaja

-Junto a mis dos hermanos, Silvio era músico y Ornix hacía coreografías, bailaba en la comparsa del reparto de Los Mangos. Había mucho respeto y consideración. Éramos muy sanos.

-Mira en la cocina como buena jamaicana me gusta la carne empanizada, la sopa, el congrí con maní…las minutas de pescado…jajaja, pero hacerlo con mis manos y mi sazón.

-Muchas personas dicen  que iba mucho a la funeraria. Lo que sucedía  es que a veces no conocía al fallecido, pero sí a alguno de sus familiares, entonces cumplía, es que  amanciera soy. Nacida y criada en este pueblo,  conozco a mucha gente... ṡte puedes imaginar?  Ya son 73 años viviendo aquí.

-Me gustaría que me recordaran con alegría, sin tristezas… ṡno es verdad?

Aquí me despido de esta mujer con piel de ébano, espontánea sonrisa  y un corazón hecho a la medida de la bondad y la humildad, donde la ternura desborda el cauce de lo real para convertirse en una verdadera leyenda de amor y amistad.

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Fuente: Blog personal del autor