Irma Jacinta Trocones Cantero, paradigma de educadora. Foto: Rafael Aparicio Coello
Irma Jacinta Trocones Cantero, paradigma de educadora. Foto: Rafael Aparicio Coello

Irma Trocones Cantero, es de esa personas que inspiran por su ejemplo, y constancia. Esta amanciera octogenaria, siente que el magisterio corre por sus venas y le proporcionan el oxigeno que necesita para vivir.

 

Los incontables méritos que alcanzó con la tenacidad que la caracterizan los guarda como tesoros porque cada uno de ellos representa un aporte al desarrollo de la Educación Cubana.

Ella fue de los jóvenes que con la cartilla, lápiz, manual y a la luz de aquella lámpara maravillosa, hizo la magia y llevó saber a comunidades intrincadas, para acabar con la ignorancia.

Siempre al tanto de la formación de las más jóvenes generaciones no solo de los educandos, también de la nuevas hornada de maestros encargados de continuar la obra educacional.

Para ella educar es dar vida, amor, es sentir y ayudar a la Revolución, es darle continuidad al legado de nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro, artífice de los logros que exhibe hoy el modelo educacional cubano a nivel mundial.

En esa sencilla mujer de pueblo, se encierra la sentencia del pedagogo José de La Luz y Caballero, “Instruir puede cualquier, educar solo aquel que sea un evangelio vivo”.

Por ello hace solo unos días recibió el Premio a la Pedagogía, por la obra de toda la vida, porque Irma es maestra de maestros.

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