Ana Iris Figueredo Torres
Ana Iris Figueredo Torres

Para algunos y le aseguro son muy pocos, el concepto de patria está muy distorsionado y esa es la razón fundamental para que en un momento determinado tomen decisiones erróneas que en la mayoría de los casos pesa, pero cuando ya el daño es irreversible.

Estas actitudes se incrementan cada día, más en aquellos que les dan oídos a las campañas políticas que mantiene el gobierno de los Estados Unidos para arrastrar a su guarida a quienes se dejan encantar por los llamados cantos de sirena.

En la mayoría de los casos se promueve la división de las familias, y lo más lamentable, es cuando no se tienen en cuenta los deseos y decisiones de los pequeños y los ancianos, quienes también forman parte del núcleo familiar.

Por supuesto, que atrás quedan las amistades, los vecinos, los compañeros de escuela y hasta los bienes adquiridos, siempre con mucho sacrificio.

Llama la atención que en la mayoría de los casos los cubanos emigran en busca del sueño añorado, de mejoras económicas, que al final  no constituyen el centro de nuestros intereses, pues al paso del tiempo, todo eso pasa.

En el año 1980, cuando se produjo en Cuba una emigración masiva hacia el país de las fantasías, yo fui victima de todo lo que hasta ahora he comentado, por decisión de mis padres viajamos a ese mal llamado paraíso donde las angustias, los malos momentos fueron parte de mi estancia allí.

Carecía de todo lo que me sobraba aquí en mi Cuba bella, los amigos, mi barrio, mi escuela, y lo más importante mi libertad, y no es porque estuviera privada de libertad, sino porque las noticias diarias me aterraban, no estaba acostumbrada a esa vida, aquí me faltaban algunas cosas, pero me sobraba tranquilidad.

Fui victima además del sufrimiento de mis padres, se sentían culpables de lo que estábamos pasando mi hermana y yo, entonces dos adolescentes, fue cuando decidimos regresar a nuestro país.

Volver a mi patria querida fue un momento de espacial emoción, casi imposible de describir, retomaba todo lo perdido; además el cariño y aceptación de los que me rodeaban permitió que en pocos años mi hermana y yo nos formáramos como licenciadas en Oligofrenopedagogía e Ingles respectivamente y mis padres se reincorporaran al trabajo y la sociedad como tal.

Una vez más doy gracias a Fidel, a quien le debo mi actual estancia en Cuba, mi preparación profesional y mi estabilidad emocional, pues el junto a la dirección del país, en aquel entonces, perdonaron nuestra equivocación, que en breve tiempo, nos hizo recapacitar.

Solo les ofrezco mi testimonio y espero les sirva de punto de análisis a quienes tienen el sueño de viajar a Norte americano,  en ocasiones poniendo en peligro sus vidas y las de sus semejantes.     

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