Comandante por siempre
Comandante por siempre

Raras veces la vida complace con el don de dar a luz a un gigante y el 13 de agosto de 1926, sucedió el milagro, nació un varón en toda la extensión de la palabra.

Y aquel niño lleno de inquietudes por el mundo que le circundaba y con un corazón lleno de bondad y humanismo se convirtió en un joven audaz que se acercó a su Maestro para tener fe en la utilidad de la virtud.

Por eso no le dejó morir en el año de su centenario, recogió sus ideas y fusil en ristre atacó el Moncada, navegó en el Yate del porvenir y escaló las empinadas montañas de la Sierra Maestra y solo bajó de ellas  cuando alcanzó la estrella de la libertad para regalarla a su pueblo.

Ese Titan de rostro heleno coronado por sus millones de hijos entró triunfante en su caravana y lo aclamaron los agradecidos para decirle quedate por siempre entre nosotros.

Su batalla contra el tiempo implacable fue tenaz, pero aún así la superó y cumplió muchos sueños para marchar entre los que aman y fundan  y crear una república con todos y por el bien de todos.

Hoy llegan los corceles con sus héroes de espaladas aladas para acompañarte y tu vienes delante de la caravana  y sentimos esa brisa fresca que acaricia el rostro y es tu necesaria presencia en cada obra que emprendemos y sabemos que estas ahí para guiarnos. Gracias eterno Comandante de Mil batallas.

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