Lo llamaban el Señor de la Vanguardia porque siempre fue el primero. Lo caracterizaban la sonrisa limpia, el amplio sombrero y la enmarañada barba. Las bromas en la guerrilla, la solidaridad sin límites con los hermanos de lucha, el coraje y el arrojo conformaron la personalidad de este hombre que se hizo grande por derecho propio.

Sembró un semillero que se multiplicó por eso en este pueblo hay tantos que siguen su ejemplo.

La valentía de un león y la pureza de la paloma se juntan en el Héroe que siempre renace en Octubre.

No quiso la losa fría de mármol por eso el mar lo acogió en su regazo, le brindó abrigo y hoy es fiel vigía de nuestro verde caimán, resurge como ave fénix cada décimo mes del año para recibir el homenaje que le tributan cubanos y cubanas que lo recuerdan guerrillero subiendo la Sierra Maestra, atravesando la maleza de Oriente a Occidente, entrando triunfal a La Habana, porque así de grande y sencillo fue Camilo Cienfuegos.

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