Amancio Rodríguez Herrero, centenario de un líder azucarero este 16 de octubre.Era la tarde del 18 de septiembre de 1949. Amancio Rodríguez Herrero, convertido en líder sindical y nombrado secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros, constituía una amenaza para los intereses de la compañía que operaba el antiguo central Francisco, por lo que, desde Estados Unidos, fue mandado a asesinar.

Dada la protección con que contaba, no pudieron consumar el crimen en las calles. Los agentes de Eusebio Mujal —turbio personaje aupado por el Gobierno para dividir al movimiento obrero cubano— planearon entonces hacerlo durante una asamblea en el local del sindicato del ingenio, que había sido tomado por ellos con anterioridad.

Los trabajadores colmaron el lugar. El primero en hablar fue un mujalista y lo hizo ofendiendo a Amancio; este trató de ripostar, mas le negaron la palabra, por eso emergieron voces que exigieron escuchar a su verdadero líder.

“Me dan la palabra o la tomo yo”, respondió escalando la tribuna. Entre atronadores aplausos se escuchó un disparo, y una voz que dijo: “Han matado a Amancio”. Su compañero y amigo José Oviedo Chacón, quien lo seguía, también recibió un disparo mortal en la espalda. Se produjo una fugaz confusión, que aprovecharon los asesinos para salir del local; los obreros los persiguieron para darles su merecido, pero llegó la Guardia Rural para protegerlos y asumir su custodia. Con su acción, los trabajadores impidieron que escaparan por el campo de aterrizaje donde los esperaba una avioneta. Al fin fueron detenidos y llevados al cuartel.

El sepelio de Amancio constituyó la más alta expresión de dolor en el batey Francisco, protesta y repudio al régimen y a las fuerzas mujalistas, que habían dividido el movimiento obrero en la localidad.

Se forjó un líder

Cuando el niño, nacido el 16 de octubre de 1917, contaba solo con tres años de edad, sus padres españoles lo llevaron al sitio del cual habían partido: Villafrechóz, Castilla la Vieja, en busca de prosperidad; sin embargo, un lustro después y más empobrecidos aún decidieron regresar al poblado de Cuatro Caminos, en Cascorro, actual provincia de Camagüey, donde Amancio estudió con una maestra particular hasta alcanzar el cuarto grado.

En 1929 se mudaron para la colonia Sevilla, del antiguo central Francisco (actual provincia de Las Tunas), allí el joven de 12 años tuvo que dedicarse a las labores agrícolas. De clara inteligencia y carácter firme e independiente, se preparó para enfrentar su vida de manera autodidacta, por lo que asumió otros trabajos como gruero, pesador de caña y despachador de gasolina en la bomba del propio ingenio.

Por su seriedad y combatividad se vinculó a los revolucionarios que vivían en La Lomita (ahí residía también), entre ellos estaba Arsenio Yero Álvarez, fundador del Partido Comunista de Cuba, de quien recibió grandes enseñanzas. En 1933 ocurrió la huelga general que puso fin a la dictadura de Gerardo Machado, hecho por el cual fueron fuertemente reprimidos los obreros, y con ello se fortaleció todavía más el espíritu de rebeldía y de lucha antimperialista del joven Amancio.

Luego de dos años fue nombrado secretario general del sindicato en La Lomita, y en 1937 se convierte en militante del Partido, abrazando para siempre las banderas del marxismo leninismo, y consagrando su vida a la lucha en defensa de sus hermanos de clase.

Al crearse el Sindicato de los Trabajadores Azucareros, en el Francisco, en 1939, formó parte de la directiva, y posteriormente lo nombraron vicesecretario hasta que dimitió el secretario general, él ocupó su puesto, y fue ratificado cada año. Cesó la etapa en que los dirigentes del sindicato se dejaban intimidar o sobornar por los patrones, apoyados por la Guardia Rural.

La constante persecución a que eran sometidos Amancio y sus compañeros no pudo impedir que el movimiento obrero en el central fuera uno de los más fuertes en el país; prueba de ello es que enfrentaron 33 pleitos judiciales, y los ganaron todos.

En una oportunidad, usando métodos que antes no le habían fallado, la compañía le ofreció un cheque en blanco para que abandonara el trabajo del sindicato y viviera bien el resto de su vida, propuesta que Amancio rechazó por considerarla indigna.

En 1946 contrajo matrimonio con Aleyda Sosa Aleaga, y sus dos hijos: Julio y Juan, fieles a los ideales de su padre, desde muy jóvenes se vincularon a la lucha revolucionaria.

Tras la victoria del 1º de enero de 1959, el 6 de agosto de 1960, el gobierno revolucionario intervino el central, y los obreros acordaron que este llevara su nombre. Desde ese momento, el poblado (cabecera del municipio actual) tiene igual designación; se cumplió la profecía del eterno Capitán de la clase obrera, Lázaro Peña, quien al despedir el duelo expresó con firmeza: “Algún día este crimen será vengado y cuando esto ocurra este central llevará el nombre de Amancio Rodríguez”.

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