La maternidad es un acto insustituible y bello en la existencia de una mujer; dar vida a un nuevo ser es un preciado regalo para el que no existen barreras ni obstáculos, por difíciles que estos sean.

Así lo describió la amanciera María Cuervo Torres, quien se preparó y entregó lo mejor de sí para este momento tan importante. Sin embargo, el destino caprichoso quiso que su  pequeña Laira naciera con una discapacidad neurodegenerativa, la cual le impide el desarrollo de funciones básicas como caminar, hablar y valerse por sí misma.

Marita, como la conocen amigos y familiares, se las ingenió para lidiar con las limitaciones de su pequeña, y de ahí la idea de formar un club el cual lleva por nombre Amor por la Vida.

Este es un espacio donde los niños, adolescentes y jóvenes discapacitados, junto a sus progenitores interactúan para acercarlos más  a la sociedad y propiciarles, con ternura infinita y mucha paciencia,  una mejor calidad de vida.

Lograr una sonrisa feliz, un gesto de alegría, o simplemente una mirada transparente, es el mayor regalo para los especialistas que atienden este grupo.

La vinculación del médico y la enfermera de la familia, psicólogos, fitoterapeutas y promotores culturales de la comunidad, constituyen un aporte significativo que complementa esa ardua labor.

Aprender a ver las deficiencias neuroregenerativas como capacidades diferentes es el mayor reto que enfrenta Cuba en medio de constantes transformaciones donde el hombre y su bienestar figuran como la premisa más importante.

Es por ello que el Club Amor por la vida es un ejemplo de cuánto se puede hacer por el bien de aquellas personas que presentan capacidades limitadas. Por ello, Marita y los padres que lo integran, no han perdido el sueño de regalarles a sus hijos una existencia feliz, gracias al apoyo que brinda el Estado cubano.

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