Fidel, eres el fuego eterno, como Prometeo, nos trajiste la luz para ya nunca más ser presos de la ignorancia y la oscuridad...
Fidel, eres el fuego eterno, como Prometeo, nos trajiste la luz para ya nunca más ser presos de la ignorancia y la oscuridad...

La historia abre sus portones para dejarte entrar lleno de gloria, guerrillero de la aurora.

Eres el fuego eterno, como Prometeo, nos trajiste la luz para ya nunca más ser presos de la ignorancia y la oscuridad, por eso somos libres y eso te lo debemos.

Partiste a tu viaje a la inmortalidad y como el profeta que siempre fuiste, dejaste tu legado, tus enseñanzas para señalarnos el camino.

Permaneces entre tu pueblo que dice yo soy Fidel, porque como dijo el poeta un día montaste sobre ti mismo y dijiste soy el pueblo, soy la tierra.

Nos duele tu partida, pero nos conforta que tenemos tu obra, tu ejemplo.

Eres la vida que renace cada día, te vemos en cada obra, cada jornada, en la sonrisa de los niños, en el arrojo de los jóvenes, en la consagración de las mujeres, en la voluntad férrea de los hombres, en la sabiduría de los ancianos, por eso estas ahí en cada cubano o cubana que te sabe Comandante, hombre y amigo.

La muerte con su impecable función, te llevó para cumplir con el interminable ciclo de la vida, pero no importó volviste porque los hombres como tú trascienden el tiempo, la historia, las leyes universales y se convierten en inmortales.

Andas por aquí circundado, protegiendo a tu pueblo para cuidar su sueño y velar que se cumpla tu sentencia de un mundo mejor y posible.

Quédate sobre esa estrella de luz eterna vigilando el Turquino, que aquí millones de agradecidos te acompañan en tu viaje a la inmortalidad.
 

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