Tiro de caña por ferrocarril al central Amancio Rodríguez.Tiro de caña por ferrocarril al central Amancio Rodríguez.

Corría el año 1902 y en el entonces central  Francisco se echaron a andar por primera vez los molinos en una zafra azucarera.

En ese entonces, la mano de obra empleada procedía de  Haití, Jamaica, China… y de lugares tan cercanos como Trinidad y Manzanillo.

Desde la fecha hasta la actualidad ha transcurrido mas de un centenario. Sin embargo, la producción de azúcar continúa siendo el principal renglón económico en este municipio. Pero si acudimos a la historia sabremos que  la ubicación geográfica y la fertilidad de los suelos fueron  algunos factores que favorecieron  esta localidad para que se potenciara la siembra, el cultivo y  el procesamiento de la caña de azúcar.

A este ingenio se le atribuye el mérito de haber molido más de siete millones de arrobas de caña en una ocasión y de envasar alrededor 584 mil sacos en otro periodo.

Todo ello fue posible gracias al  empeño de los colonos de la época, quienes hicieron todo bajo la  consigna de “Sembrar caña hasta en los patios”.

Así se fue moldeando lo que hoy constituye nuestra tradición azucarera.

Año tras año, la llegada del periodo representaba el sueño cumplido para muchos. La única oportunidad para satisfacer las necesidades materiales y de prepararse en cierta medida para la llegada del tiempo muerto.

Sin embargo, y casi sin darnos cuenta, la zafra perdió su protagonismo en nuestra economía. Quizás marcada por el incumplimiento de varios años consecutivos o por la desmotivación de una fuerza de trabajo cada vez mas joven y poco conocedora.

De ahí que para el actual periodo se adoptaron todas las medidas sobre la base de  alcanzar resultados superiores y devolverle a la  contienda la atención que amerita.

Dentro de algunas horas nuestro ingenio arrancará nuevamente su molino y, como en 1902 hace mas de un centenario, depositamos la esperanza en el cumplimiento del plan asignado.

Ahí estará el resultado de largas jornadas de trabajo, de noches de desvelo, de meses de reparación.

En ella va puesta la esperanza de todo un pueblo que confía en que “el Amancio” sí puede.

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