Los vecinos de la calle 158, del Reparto René Almanza, en este municipio de Amancio, fueron testigos la víspera de un hermoso acontecimiento que arrancó lágrimas y conmovió las fibras de la sensibilidad humana.

Niños, jóvenes y adultos compartieron con inmensa alegría el otorgamiento de la condición Familia III Clásico Mundial 2013 al humilde hogar conformado por  Nicomedes Acosta y Nelsy Arias, por cierto, el primero del país en merecer tal  estímulo.

Este suceso quizás podría pasar desapercibido para muchos, pero cuando sale a relucir el nombre de Darién Núñez Arias, entonces se disipan las dudas ante la grandeza de este joven amanciero, que ya escribe una brillante página en el apasionante mundo de las bolas y los strikes.

Entre poesías de José Martí, reclamos de libertad para Los Cinco, y vivas a Fidel y Raúl, transcurrió el reconocimiento organizado por los factores comunitarios y la Dirección Municipal de Deportes en Amancio, a los que se sumó José Angel Mesa, presidente de la Comisión Provincial de Atención a Atletas en Las Tunas.

Con una envidiable trayectoria deportiva a pesar de su corta edad, Darién se ganó el derecho a integrar el equipo CUBA que nos representará en el III Clásico Mundial de Béisbol 2013, a efectuarse en marzo próximo, convirtiéndose así en el primer atleta amanciero en participar en un evento de tal magnitud.

Con el orgullo de haber sido su mentor desde que apenas era un niño, el Máster Diorge Miranda, presidente de la Comisión Municipal de Atención a los Atletas,  realizó una vibrante reseña de los logros de Yayo, -como le llaman cariñosamente-, donde la disciplina, el coraje y la valentía, amén de sus indiscutibles cualidades como pitcher, constituyen una segura carta de triunfo para la pelota cubana.

Honor a quien honor merece, reza un conocido adagio popular, pero en el caso que nos ocupa, vale la pena seguir muy de de cerca el desempeño de Darién Núñez Arias, un diamante en bruto que va puliéndose cada día a fuerza de talento y amor infinito por la tierra que lo vio nacer, a su barrio y a la familia que no escatimó esfuerzos ni carencias para hacer realidad su más caro sueño: ser pelotero, y de los grandes.

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