A 124 años de su caída, José Martí ilumina nuestro quehacer diario. Foto: Tomada de Internet
A 124 años de su caída, José Martí ilumina nuestro quehacer diario. Foto: Tomada de Internet

José Martí, el Héroe Nacional cubano pervive en el acontecer público e ideológico nacional como referencia obligada cuando de pensamiento humanista, revolucionario y latinoamericanista, se trata.

No es reducir su influencia solo a esos aspectos de nuestro acontecer. En Martí se funden las virtudes que signan e identifican a nuestra nación.

Martí es surtidor activo de motivaciones y enseñanzas para lograr la plenitud del espíritu. Su obra emancipa pensamientos y como brújula ideológica, compromete, inspira y actúa.

Su prolífera,  fecunda y tormentosa existencia llevó a los jóvenes de la Generación del Centenario, guiados por Fidel, a  izar en los muros del Moncada, la bandera, que en tributo a la justicia y al respeto a la dignidad plena del hombre, flotó libre el primero de enero de 1959.

En 60 años de construcción socialista el ideario martiano, como combustible ideológico, forja realizaciones, estimula voluntades para la consumación de un pensamiento  creador, colectivo, de resistencia y de victoria.

Los últimos ajetreos constitucionales tienen en Martí el empuje vital para adherirse a la justicia y la libertad con razones y total interpretación de la aspiración mayoritaria.

Es ese Martí que nos enseñó  que la Patria "es ara y no pedestal", (...) "que es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas" y (...)  "que la unión  revive, por siempre la solución urgente y necesaria (...)

José Martí no se puede reducir a estatuas, bustos, discursos, charlas, por derecho propio e incuestionable, debe resplandecer como nuestro sol moral.

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