Cada primero de junio toda Cuba celebra el Día Mundial de la Infancia. Foto: De la Autora
Cada primero de junio toda Cuba celebra el Día Mundial de la Infancia. Foto: De la Autora

En el año 1952 se celebró en  Viena, Austria, la Conferencia Internacional en Defensa de la Niñez, allí la Organización de Naciones Unidas acordó que cada país tendría que instituir en su calendario el Día Internacional de la Infancia o del Niño.

Muchos países mantienen la fecha acordada en el encuentro: el primero de junio, otros la modificaron y celebran la jornada cada 20 de noviembre.

En ambos casos, el objetivo es recordar que los niños son el grupo más vulnerable dentro de nuestra sociedad y quienes más sufren las crisis y los problemas del mundo.

Asimismo cada año se insiste en que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente de su país de origen, color de la piel o creencia religiosa.

Cuba, por su parte, no es hasta el año 1963 cuando celebra por primera vez el Día Internacional de la Infancia.

Fue precisamente la Mayor de las Antillas el primer país de América Latina en difundir un Código para proteger a la Niñez y la Juventud, adelantándose a la aprobación de la Convención Internacional sobre los derechos del niño.

Desde el punto de vista jurídico, en nuestro país los derechos de los menores se encuentran amparados por un sistema de leyes que toma en cuenta las condiciones favorables para su bienestar y desarrollo. Así, existen los Códigos de la Familia, del Trabajo y de la Niñez y la Juventud.

Entre los logros que hoy exhibimos los cubanos están que la mortalidad infantil en 2018 fue de 4.0 por cada mil nacidos vivos y cada niño cubano está protegido contra 13 dolencias.

Esta Isla es el mejor ejemplo de que, a pesar de la falta de recursos económicos, se puede proteger a la infancia si existe una apuesta decidida para atender  sus necesidades básicas.

Por eso cada primero de junio toda Cuba celebra el Día Mundial de la Infancia con resultados concretos y el reconocimiento internacional por la protección de sus menores. La alegría en Cuba es contagiosa pues en cada casa, cuadra, círculo infantil o escuela, ellos ratifican la alegría de vivir en esta tierra.

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