Amancio Rodríguez Herrero, líder del sindicato azucarero en el central Francisco.Amancio Rodríguez Herrero, líder del sindicato azucarero en el central Francisco.

Amancio no doblegó la frente al arrogante amo, no extendió la mano a la jugosa oferta, por el contrario, pidió la palabra para lavar la afrenta del insulto calumnioso y cuando le negaron el derecho a la defensa, habló a riesgo de su vida.

Amancio Rodríguez Herrero, líder del sindicato azucarero en el central Francisco.Facsímil de la adición al Contrato de Trabajo entre "Inversiones Agrícolas Santa Isabel S.A" y el "Sindicato de Obreros Azucareros del Central Francisco y sus colonias", firmado el 15 de enero de 1944 por Amancio Rodríguez Herrero, en representación del sindicato.

Amancio fue idea y verbo. El sentimiento unitario lo contagió para inundar sus minutos, horas y segundos en busca de la verdad secuestrada por la frustración y el entreguismo al capital.

No vayas -le dijeron- y Amancio fue. Quiso hablar y las balas cegaron la proletaria voz.

Su estatura de varón comprometido lo lanzó a la eternidad para renacer, vestido de cañaverales y azúcar cada septiembre.

No hubo lágrimas. La sorpresa se apoderó del abarrotado local.

Sus victimarios salieron en desbandada. Junto al inerte cuerpo, compartiendo los mismos ideales, Oviedo, cual guardián de ébano, expiró el último aliento catapultándose a la gloria.

Transcurrieron ocho septiembres y en la alborada del enero de luces y esperanzas, la justicia conquistada abrió prometedores senderos. El amo con su arrogancia y jugosa oferta tembló ante el empuje proletario.

Un agosto de soberana y verde oliva estampa incrustó, para siempre en las altivas chimeneas de la industria, la petición popular.

Las proféticas premoniciones de Lázaro, el capitán sindical, presagiaron que: "ellos seguirán en la lucha y será más larga su vida en el triunfo. Algún día todo aquí recordará a Amancio..."

Después de 70 septiembres, Amancio vuelve a ser trinchera y barricada. Otros aprendices de amo pujan por heredar lo ajeno y legítimo, para convertir en frías cenizas, las conquistas obreras.

Lo claro se torna oscuro. La luz renace de las sombras y estrecheces. Amancio retoma la negada palabra. Su legado inspira convirtiendo escaseces en fortalezas. Un pueblo entero proclama su incompatibilidad con la claudicación y ratifica la voluntad de defender, hasta las últimas consecuencias, el nombre escrito con sangre y sudor, en las altivas chimeneas de la añeja industria.

Amancio Rodríguez Herrero, líder del sindicato azucarero en el central Francisco.Amancio en reunión, presumiblemente en Santa Cruz del Sur, junto a Juan Marinello. dirigente comunista a nivel nacional.

Amancio Rodríguez Herrero, líder del sindicato azucarero en el central Francisco.Amancio participa en una reunión sindical.

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