El teniente coronel de la reserva Justo Luís Contreras Briñones afirma: que con disciplina, confianza y resistencia, la victoria definita está asegurada. Foto: Del Autor
El teniente coronel de la reserva Justo Luís Contreras Briñones afirma: que con disciplina, confianza y resistencia, la victoria definita está asegurada. Foto: Del Autor

En la tranquilidad del merecido reposo, el teniente coronel retirado, Justo Luis Contreras Briñones, desenvaina el sable del recuerdo, lo envuelve en la palabra y narra sin pretensiones de protagonismo, su modesta participación en un épico momento de la historia patria: La Emboscada de Pino Tres.

Me cuenta que con apenas 22 años y convencido de que el rumbo iniciado por Fidel Castro, el 26 de julio de 1953, no solo era el vibrante homenaje de una generación de cubanos a la memoria de José Martí, sino que constituía además, la carga anunciada por Rubén Martínez Villena cuando en ardientes versos sentenció: “Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones...”

Con ese ideal se lanzó a la conquista del mayor grupo montañoso del este cubano. En su morral más ilusiones y bríos juveniles que preparación militar. El convencimiento de luchar por una causa justa lo animó en la arriesgada escalada, iniciada el 4 de septiembre de 1958, formando parte del pelotón del capitán Roberto Reyes.

Muchas lunas y soles en aquellas andanzas en pos de las estribaciones de la Sierra Maestra se vieron truncadas por la contraorden y la indicación de bajar y unirse a la Columna 11 Cándido González que, comandada por el capitán Jaime Vega, tenía la misión de llegar hasta la provincia de Camagüey y generalizar la beligerancia rebelde en esa zona centro oriental del país.

Incumpliendo las indicaciones de la comandancia general del Ejército Rebelde, el jefe de la tropa, capitán Jaime Vega, descuida las precauciones en el avance hacia el oeste: utiliza transporte, descuida las medidas de seguridad, poniendo en conocimiento del enemigo el itinerario de la columna que se acantona en la estratégica zona de Pino Tres.

“La sorpresa convirtió aquel recodo en un escenario dantesco. Las balas enemigas cayeron a mansalva sobre la desprevenida tropa. El desconcierto se apoderó de nosotros. En medio de aquella balacera no había un jefe para organizar la casi imposible defensa. El fracaso fue absoluto”, rememora Justo Luis.

“Triste resultó que de los 165 hombres que integrábamos la columna, 33 murieron, 18 resultaron heridos y el resto nos dispersamos desorganizadamente, escapando de una muerte provocada por la prepotencia y los errores tácticos”

El apacible rostro de Justo Luis Contreras Briñones se transforma, respira suave como queriendo contener los recuerdos que traen al presente, después de 61 años, los trágicos sucesos de la emboscada y masacre de Pino Tres.

“Por instinto y por aquello de que el vena‘o que se espanta, regresa al lugar de origen, un grupo de compañeros retrocedimos y nos agrupamos en San Miguel del Junco, para tiempo después  integrarnos a la columna 13 comandada por Víctor Mora, para fundar el Frente Camagüey”

“El triunfo del primer día de enero de 1959 nos sorprendió operando en la zona comprendida entre las márgenes del Río Sevilla y la carretera de Santa Cruz. Serví en las Fuerzas Armadas Revolucionarias por 28 años. Cumplí misiones internacionalistas en Angola y me licencié el 23 de octubre de 1983”

Antes de envainar el sable de los recuerdos y esta vez envueltos en enérgicas palabras, este hombre de 84 años de edad, con la firmeza de ser uno de los protagonistas de las épicas luchas por la definitiva independencia nacional, afirma: “esto no tiene marcha atrás. La sangre derramada no fue en vano. Las limitaciones materiales pasan, pero la disciplina, la confianza y la resistencia, son la única vía hacia la victoria definitiva”.

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