Cuando apenas la Revolución comenzaba a dar sus primeros pasos, un visionario que va al porvenir y vuelve para contarlo, nuestro querido Comandante en Jefe Fidel, dijo en 1960 que el futuro de Cuba tenía que ser de hombres de pensamiento de hombres de Ciencia.

Hoy se hace realidad su sueño pues le debemos su perseverancia, sus deseos de ver y hacer realidad aún sin recursos un desarrollo integrador de cada una de las esferas de la sociedad, de hacer uso de la inteligencia creadora para el bien común.

De formar personal preparado, un ejercito de científicos que va desde el campesino que planta la semilla, el obrero que desde la fabrica busca soluciones para mejorar el proceso productivo, el maestro que acerca a sus discípulos a los fenómenos más comunes hasta los que crean vacunas, descubren enfermedades y curas, mejoran el rendimiento de los plantas y de alas distintas especies animales.

Eso se lo debemos a Fidel, el haber sentado las bases científico técnica con un sentido social posibilitando transformarnos y emplear los conocimientos para el desarrollo espiritual de cubanos y cubanas.

Le debemos el merito de impulsar la creación de centros de investigación, polos científicos, círculos de interés para niños y jóvenes, de estar al tanto de los cambios del clima, del cuidado del medio ambiente, de confiar en la capacidad creadora del hombre para construir un mundo mejor y posible.

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