Martí amó como nadie a los niños, los reflejó en sus obras, les enseño la utilidad de la virtud y a elevarse pensando y trabajando. El hombre de la Edad de Oro escribió sus libros para los príncipes enanos y en ellos reflejó su eterno cariño y les trasmitió sus enseñanzas.

Les mostró el camino de la verdad a hacer cada día una buena acción a  aprender algo nuevo, a ser bueno porque si, porque muy adentro se siente placer ayudando a los demás.

A vencer con la razón como Meñique al gigante, a amar a la patria como Abdala, aechar su suerte con los pobres de la tierra, como Bebé lo hizo con su primo Raúl.

A ser antirracistas como Piedad con su muñeca negra Leonor a quien llenó de besos y le dijo te quiero porque no te quieren.

Martí lleva un niño dentro y les muestra el camino de que solo vencen los justos, que hay que respetar el dolor ajeno a no presenciar en silencio una injusticia a caminar juntos por la patria grande que es  América.

Los niños conocen a Martí maestro, revolucionario, héroe,  apóstol, hombre. Porque Martí vivió por y para ellos, porque tenia fe en que son los pinos nuevos del mañana.

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