Paula Tartabull Hernández, jubilada del sector gastronómicoQuizás usted la haya visto de camino al trabajo, con el rostro firme, los pasos apurados... quizás la encuentre un día común en la cola del mercado y no perciba en su rostro la grandeza, la pasión que ha movido toda su vida, las ganas de desechar unos añitos, darle unas sacudidas al calendario de la vida para poder seguir haciendo lo que le gusta.

A Paula se le ve a menudo uniformada, con horarios de entrada y salida, con las manos entrecruzadas a la espalda. Hace 15 años firmó su jubilación, pero muy seguido se le siente sonriendo, lanzando alguna jarana sofisticada o "de salón", sirviendo con placer.

Su calificativo de veterana de la gastronomía en el municipio de Amancio salta a las vistas en su expediente, colmado de certificados y condecoraciones por los años y la calidad del servicio. Aunque pudiera estar hoy descansando al cuidado de sus seis hijos –ninguno de los cuales heredó la gracia de servir a la gastronomía- Paula se mantiene localizable para cuando la necesite el trabajo, con la estricta gratificación de hacer sentir bien al usuario.

"Cada vez que la Dirección de Comercio y del Gobierno me necesitan para asistir a una visita, ahí estoy. Trabajo muy seguido aquí en el Polinesio, donde he pertenecido por casi 50 años, prestando servicios y ayudando solo porque me gusta lo que hago. Mientras yo tenga fuerzas voy a estar trabajando."

Y a su lista de conocidos, de usuarios que le interceptan en la calle para saludarla o simplemente para dirigirle una sonrisa de agradecimiento tras el servicio en el restaurante, ella guarda uno en especial. "Tuve el honor de atender al compañero Fidel Castro Ruz en dos ocasiones en Santiago de Cuba. Primero cuando se le otorgó a esa provincia la condición de Ciudad Heróica, un primero de enero y la segunda en el Cuarto Congreso del Partido."

Seis meses de un curso intensivo en esa localidad, le valieron a la veterana amanciera para ser reconocida por la Dirección de Comercio y Gastronomía en esta provincia oriental, condición por la que fue requerida en ambas ocasiones para asistir la mesa del entonces presidente de Cuba.

El Polinesio sigue su rutina de restaurante y reservado de carácter estatal, para el servicio a la población, a la vez que asiste al Sistema de Atención a la Familia. En sus pasillos, la historia de Paula Tartabull Hernández, una gastronómica de 74 años que a cada rato se sacude de su silla, cierra la puerta de su hogar y enrumba su día al trabajo.

¿Su mayor honorario? "Que la gente salga sonriendo de aquí, que reconozcan mi atención, que se vayan complacidos, hablando bien del servicio... eso es un orgullo para mí".

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