Eloina Loisen Adolfo. Foto: Rafael Aparicio CoelloNegra, pobre y guajira, eran atributos suficientes para que en la Cuba de Ayer (antes de enero de 1959) una mujer presentara credenciales para ir a parar al nunca muy considerado   y mucho menos bien remunerado, mundo de la servidumbre y en el peor de los casos al pantano de la prostitución.

Pero Eloina Loicén Adolfo, no escogió la segunda opción y de la noche a la mañana se vió empleada como domestica en la casa de un importante médico, que para suerte de ella y de muchos, simpatizaba con las ansias de libertad y dignidad de la mayoría de los cubanos de los últimos años de la década del 50 del pasado siglo.

Esta mujer que es un monumento a la persistencia, aprovechó oportunidades, anduvo senderos escabrosos, llenos de limitaciones, pero se agenció la manera de alimentarse con el mundo de  los conocimientos y aprendió el ABC para vivir sujeta a la honestidad y al trabajo edificante y socialmente reconocido.

Se escurre en la conversación y evade narrar pasajes donde ella, joven y apasionada, encontró en la clandestinidad la forma de hacer algo por alcanzar la independencia dejada trunca por las guerras de los próceres mambises y los iluminados de la República Mediatizada.

La alborada de aquel enero de montañas,  barbudos y libertad, la llevó a uno de los amores de su Vida: el magisterio, cuya puerta de entrada resultó aquella campaña de alfabetización con la que la Revolución triunfante borró siglos de ignorancia y despejó el camino del saber humano a millones de naturales de este archipiélago caribeño.

Su trabajo a favor de la dignificación de la mujer y la constancia para que  ocupara su verdadero espacio, condujo a Eloina Loicen Adolfo, a convertirse  en una de sus fundadoras y fiel defensora de la Federación de Mujeres Cubanas(FMC) y activa dirigente, y según sus  palabras..." si en el otro mundo,  hay Federación, allí seguiré trabajando en ella"

En la fluidez de su verbo irremediablemente se descubre la cadencia y musicalidad de su ascendencia jamaicana. Mueve las manos, gira la cabeza cubierta por una floreada pañoleta que no logra esconder una abundante población de canas, abre los ojos como queriendo aprisionar las ideas y los consejos a las nuevas generaciones.

Pero Elonia es mucho más que todo eso, Es madre de tres hijos (todos egresados de la educación superior), compañera,vecina, amiga, consejera por voluntad y ejemplo, además de fiel portadora del legado de Mariana Grajales, Vilma Espín y muchas féminas que inscribieron su nombre en los anales de la historia nacional.

Hoy con su octogenaria existencia, se siente orgullosa, pero no satisfecha, se regodea inquieta y expectante, en una de las butacas de la sala de sesiones donde cobra vida material el IX Congreso de la FMC. Se siente oronda. Ella, negra, pobre, guajira, pero digna, prestará su pecho de mujer ejemplar para que resplandezca, como reconocimiento a una obra y a una vida, la Orden "Ana Betancourt" que le otorga el Consejo de Estado por su  destacada trayectoria.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar