La impronta de las madres cubanas en la conformación de los ideales independentistas y de la identidad nacional, trasciende todas las épocas y adquiere nuevas dimensiones cuando se trata de coraje y sacrificio por la Patria.

Nuestras progenitoras han logrado un sitial de honor en el devenir histórico de la nación, que las convierte en referencias obligadas, más si por encima de su condición como seres sociales la grandeza es única al compartir sus responsabilidades en la educación y preparación de los hijos para la vida, y a la vez son el puntal de la obra común.

Los ejemplos son innumerables para abarcar poco espacio, pero entre ellos sobresale Doña Leonor Pérez, madre de nuestro Apóstol, que supo aquilatar los destinos de Cuba y América Latina, y no renunció al amor y el respeto por quien le trajo al mundo.

Otras mujeres como Mariana Grajales, Esther Montes de Oca, Haydée Santamaría Cuadrado y Vilma Espín tocaron el cielo de la eternidad al entregar lo mejor de sus simientes a las causas nobles de libertad y decoro.

¿Y qué decir de doña Lina Ruz y las madres de Antonio, Gerardo, Fernando, Ramón y René?. Representan el árbol majestuoso de la maternidad, la bravura y el antiimperialismo porque cultivaron en ellos los valores que hoy nos enorgullecen como hijos de una tierra pródiga en coraje y resistencia.      

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