Tito El Gallero, lúcido y dispuesto a los 100 años de vida. Foto: Rafael Aparicio CoelloCon la misma humildad que signan sus pasos por una extensa vida y el récord de dar  100 vueltas al calendario de 12 meses, Juan Álvarez Aróstica, atesora un rico caudal de experiencias y motivaciones para invitar a nuevos cumpleaños.

Nombrado así, pocos lo asociarían con el hombre nacido el 24 de mayo de 1914, y que ha trascendido a nuestros días y trajines vecinales como, Tito "El Gallero", mortal  vestido de honestidad y  modestia, egresado del  sacerdocio del respeto y la solidaridad humana.

En su larga vida no se archivan grandiosos episodios y mucho menos hazañas sobrehumanas, pero si un amplio prontuario donde se pueden encontrar intensas jornadas de trabajo agrícola, cuando azadón en mano fertilizó surcos con el sudor  creador y el amor que merece la tierra.

Crónica del periodista Rafael Aparicio Coello en voz de Alexis Esteban González

Los ruidos y olores dulces del ingenio azucarero no le resultan  son ajenos. En esa fábrica añorada, dejó trazos de ejemplar conducta, cultivó amistades eternas y encontró el necesario sustento para mantener una prole de once criaturas a su cargo.

Sus hijos, conocidos y vecinos aseguran que Tito jamás inhaló el humo de cigarrillos o tabacos, que su metódica vida estuvo siempre consagrada al trabajo creador para garantizar el sostén de una numerosa  familia.

Hoy sus pasos no son seguros, todos los sonidos no llegan a su sistema auditivo con la misma claridad de antes, la memoria, por momento, emite destellos y redimensiona el pensamiento a pretéritas vivencias. Inobjetablemente, los años se encargaron de labrar su huella.

Así, en un apacible reino, ubicado en la calle Eduardo García, del reparto amanciero de Las Estancias, rodeado del cariño de familiares y vecinos,  vive este  inusual Rey, que siente   el regocijo de querer y ser querido.

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