Te veneran como a un dios, porque te descalzaste las botas de 7 leguas, para unirte al ejército de los pobres y redimir el dolor ajeno.

Eres el símbolo de la paz y la concordia, no hubo foro en el que tú voz se escuchara la más alta para defender las causas justas de los oprimidos.

No hay descanso en tú azarosa vida para luchar por la dignidad de la raza humana, por eso ya no solo eres de Cuba, eres universal.

Los vientos más fuertes no han podido quebrantar tu voluntad de Caguairán, y has estado ahí al pie del cañón soportando todas las tempestades.

Para ti cada día el sol ilumina con más fuerza para que cumplieras con la promesa que el hiciste a Martí, de una patria digna con el concurso de todos sus hijos.

No hay obra en la que no estés presente, y  como un mensajero de la verdad, tus hijos llevan un mensaje de amor y esperanza a los más recónditos e inhóspitos parajes de la tierra.

Secundaste los anhelos de los libertadores de América y hoy los pueblos se levantan como gigantes para sacudirse el polvo de siglos de explotación y asumen como banderas la libertad y el decoro.

Eres el redentor, eres el profeta, eres el que se adelanta a su tiempo para predecir el futuro, eres quien renunció a su vida para compartir la de miles de millones de hombres y mujeres, eres Fidel, un hombre de talla extraordinaria.

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