“La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal”, este pensamiento del Apóstol cubano José Martí,- como tantos otros de una riqueza extraordinaria-, logró una dimensión mayor en la entrega de un hombre que dio lo mejor de sus energías intelectuales y revolucionarias a la causa de los oprimidos, y cuyo legado no se olvida. Su nombre: Amancio Rodríguez Herrero. 

Residente en la calle General Sandino número 70, en esta comarca tunera, Rosa Arosteguí Colás mantiene intacto en la memoria el momento en que conoció a Amancio Rodríguez Herrero.

“Yo vivía en la colonia Las Dolores, y tendría unos 18 años cuando Amancio llegó a mi casa para reunirse con mi padre, Pascual Arosteguí Varona. Ellos, junto a varios delegados de otras colonias del central “Francisco”, como José Caridad Rodríguez y Clemencia Cabrera, discutían sobre tareas del Partido Comunista y del Sindicato Azucarero”.

“Amancio era un hombre de estatura mediana y fuerte. Tenía una gran convicción en sus ideas, era muy optimista y  pero a la vez muy serio y responsable. Él transmitía ideas sobre cómo luchar contra los enemigos de la clase obrera. Siempre le decía a la gente: ustedes verán cómo cambiarán las cosas, y eso le hizo ganar el respeto de todos, incluso de la compañía”, afirma esta mujer de piel oscura y cabellos blancos.

“Mientras que la justicia no esté conseguida, se pelea”. Y con esa tesis fundamental, Amancio no cejó ni un solo instante en su misión. Liberar a la Patria del yugo opresor fue su máxima aspiración, truncada por sicarios innombrables. Pero la dignidad selló para siempre los destinos de los obreros del central “Francisco”.

Rosa todavía se despereza de los recuerdos, y narra con dolor el momento en que supo la noticia del asesinato de Amancio. “Nos enteramos porque vinieron a buscar al hijo de José Oviedo Chacón que estaba en Las Dolores jugando pelota. No podía creer aquello, sentí como si me hubieran estremecido por dentro. Los vecinos de la colonia salieron de inmediato gritando vivas a Amancio. Yo no pude ir al velorio porque estaba embarazada de mi hija mayor, pero aseguro que fue algo muy grande para mí”.

“Sin libertad, como sin aire propio y esencial, nadie vive”. Han transcurrido 65 años de aquel monstruoso crimen, mas la fuerza de las ideas de Amancio y Oviedo sigue brillando con la misma intensidad de los ideales que no se compran. Con 84 años a cuestas, Rosa todavía mantiene vivo el ejemplo de Amancio, porque está segura y confiada en la fortaleza de la Revolución.      

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