Tiburón MoralesDesmintiendo el viejo refrán de que nadie es profeta en su tierra, Eduardo Morales Orosco, ataviado con un vistoso sombrero y envadurnado de cubanía desanda la estrecha y pintoresca calle que permite la entrada y salida al asentamiento de Guayabal, poblado que sirve de contacto al municipio de Amancio con las cálidas aguas del Mar Caribe, además de ser el sitio que vio nacer a este bardo hace 70 años.

La vitalidad de este hombre, que un día tuvo ante sí la disyuntiva de permanecer entre bates y pelotas o dedicarse por completo a la música, es asombrosa a pesar de sus 40 calendarios de ajetreos en el mundo del espectáculo sembrando alegrías y recorriendo escenario cubanos o en el extranjero, pero siempre con su infinito amor por la mar y su Amancio querido.

“Tiburón Morales”, como es conocido este artista de fina estirpe popular, vive el presente de sus actos aunque recuerda con particular cariño sus inicios con la Orquesta Típica Inspiración, además de su tránsito por agrupaciones de la talla de Avance Juvenil y Maravilla de Florida, hasta su aterrizaje final con Son 14, grupo que lo lanzó a la fama para perpetuarlo como un auténtico cultor de la verdadera música cubana.

Este “escualo” sonero se precia de mantener vivo el legado de Sindo Garay, Miguel Matamoros, Compay Segundo y muchos grandes del pentagrama nacional. Reconoce en Adalberto Alvarez a uno de sus descubridores y amigo, y su principal empeño es consolidar el virtuosismo del piquete de jóvenes que lo acompaña en Son 14, convertidos hoy en una Máquina musical.

Por eso este “Peje” que improvisa a sus anchas, desanda rodeado de sus admiradores y coterráneos la pintoresca y estrecha calle que permite la entrada y salida de su Guayabal querido y abrazado de musas, caracolas, salitre y sol evidencia que es un profeta en su tierra.

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