Actuación del grupo Anatares

AMANCIO RODRÍGUEZ.— El incremento de la motivación es un hecho real por estos días aquí, entre habitantes de todas las edades. De acuerdo con pronósticos y confirmaciones, se espera que más de 400 personas procedentes fundamentalmente del oriente cubano lleguen hasta el apacible poblado durante los días 23 y 24 de este mes.

Los llama la música, la música de la llamada década prodigiosa, cada vez más enraizada en los cimientos de hogares familiares y a ras de espacio público.

Según explica Eduardo Álvarez Rodríguez, director del grupo Antares y presidente del club Casi como ayer, durante esas dos jornadas se celebrará el Segundo encuentro regional de clubes amantes de la música de la década prodigiosa. La primera versión, en noviembre del 2013, marcó pauta como acontecimiento cultural y social que estremeció al sureño municipio, situado a unos 90 kilómetros de la cabecera provincial.

Desde el año 2004 el mencionado club ha mantenido permanente funcionamiento, contacto, intercambio y actividades no solo entre sus miembros, sino también con integrantes de otros clubes, más allá de la geografía tunera.

Tal y como ocurre en todo el país, las inmortales melodías de los Fórmula V, Los Mus­tang, Los Beatles, Juan y Yunior, Los Dia­blos y otras agrupaciones de la época, continúan presentes en la preferencia de generaciones contemporáneas, pero también siguen hallando espacio en el gusto de adolescentes y jóvenes.

Por ello no extraña que durante todos estos años haya concurrido un verdadero mosaico ge­neracional a las presentaciones del grupo An­tares (con un amplísimo y muy bien montado repertorio de aquella música), así como a otras actividades que organiza el club, siempre en un ambiente tan cordial, sano, correcto y amistoso como la esencia del mensaje contenido en las canciones.

Ello explica el impecable comportamiento que por voluntad de sus propios miembros prevalece en cada actividad, el modo en que los participantes aportan platos, dulces, vinos, licores y recetas para deleite de todos, la hospitalidad con que numerosas familias ofrecen sus viviendas para acoger a quienes llegan desde otras zonas cuando hay encuentros e intercambios.

Sin crear falsas o exageradas expectativas, esta vez el programa pronostica nuevos momentos para recordar, tales como el recibimiento en el Parque de Las Madres, disfrute de una mesa tropical gigante, la exposición Los años 60 y 70: historia, cultura y tradiciones, la matinée Un rayo de sol, la gala artística a cargo de agrupaciones aficionadas, visitas a sitios de interés, intercambios y bailables, entre otras opciones.

Tal vez el zumo de esta experiencia, arraigada en no pocas zonas del archipiélago, la definió con marcada sencillez hace ocho años un abuelo llamado Alfredo López, cuando a la par de los acordes que dejaban escuchar los instrumentos de Antares, me confesó:

“A diferencia del mal gusto, la vulgaridad y la falta de mensajes educativos que hoy signa a cierta música, aquella era un verdadero canto de amor, de amistad, de sana convivencia entre los seres humanos… y ese es uno de los motivos principales por los que vengo a las actividades de este Club de la década prodigiosa, y yo diría que es también una de las razones para que personas de otras provincias vengan hasta aquí”

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