Sin pensarlo dos veces, Bienvenido Pérez Aguirre, echó manos al morral, lo cargó de libros, orientaciones metodológicas y cuanto documento útil encontró a su paso, y en una noche de octubre del pasado año, viajó hasta la República Bolivariana de Venezuela, para hacerse cargo de la coordinación de la Misión Educativa cubana en el estado de Trujillo donde teje sueños de amistad y saber.

Durante el viaje a la mente vinieron imágenes de su nacimiento humilde, pero decoroso, en la Cuba prerrevolucionaria, donde las penurias eran mayores que las ansias de aprender y las mentiras y promesas de los políticos de turno se quedaban en las aspiraciones de los más desposeídos y nobles.

Responsabilizado con el cumplimiento de los postulados educacionales en los 20 municipios y 93 parroquias, este amanciero, desvencija almanaques, se emociona ante la grandeza de los cerros y cordilleras, se impresiona ante la pobreza e idolatra a su esposa Reina en noches de hastío donde venera la solidaridad como barreminas de ignorancias y desigualdades.

Cuenta que entre los principales resultados de esta tarea en tierras venezolanas, se encuentran el diseño de dirección de las estructuras educacionales en cada lugar, el sistema de superación y capacitación de los facilitadores, que luego se convierten en maestros. Todo eso sin soslayar la colaboración en campañas de vacunación y el empeño por modificar hábitos de vida y contribuir a la necesaria unidad de todos en torno al proceso de cambios que vive aquel país.

De la misma forma este espigado educador que transpira pedagogía por los poros, y se considera admirador del Ché, Fidel y Chávez, ve aumentar su caudal de experiencias y cual arquitecto de ideas y pensamientos las archiva para donarlas al resto de sus compañeros de la educación primaria en este municipio de Amancio.

Bienvenido narra los avatares de los colaboradores del archipiélago en esas tierras donde desandan empinadas montañas y asumen la cotidianidad como rutina y esperanza, engrandeciendo el alma de personas que vivieron 80, 90 y hasta 100 años hundidos en la ignorancia y ahora con el método educativo “Yo sí puedo”, en apenas siete semanas aprenden a leer y escribir. Explica que sólo en el estado de Trujillo 6892 personas fueron beneficiadas por esa herramienta instructiva.

Así junto a sus compañeros de misión siente el sano orgullo de poner su grano de arena en la integración de nuestros países y en noches de hastío y añoranzas piensa en llenar el morral de satisfacciones, positivas vivencias y el infinito placer del deber cumplido con el aderezo de la consagración, la entrega y modestia, mientras sigue tejiendo sueños de amistad y saber en espera del regreso a la patria.

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