Aimara Menocal Morales, educadora destacada en Amancio. Foto: Edilberto Revolta FallsNunca pensó que asumiría una responsabilidad tan grande en su vida, pero un buen día se descubrió soñando desempeñarse en la más noble  gratificante de las profesiones, ser maestra.

Comprendió que su vocación encerraba una dosis extra de sacrificio y amor para guiar, instruir y educar, por eso la noche la sorprende entre apuntes y el alba la despierta con nuevos proyectos de investigación para mejorar el nivel de aprendizaje de sus alumnos.

Aprendió de sus maestros el alto sentido de compromiso que asumió al ser parte de la labor educativa, de garantizar la formación de los pinos nuevos.

Sus méritos y su convicción de que educar como dijo Fidel significa hacerlo en todos los ordenes de la vida, ha hecho que se le asignen distintas responsabilidades como la que ocupa al frente de un colectivo de docentes trasmitiendo cada una de sus experiencias.

Ostenta con sano orgullo diplomas, reconocimientos y medallas como la que recibió más recientemente la “José Tey”, por ser educadora ejemplar comprometida en elevar la calidad del aprendizaje y por creer fielmente que Educar es una obra de infinito amor.

Ella es Aimara Menocal Morales, directora de la escuela primaria “Ramón López Peña” de la comunidad de La Estrella, en esta sureña localidad tunera, una mujer que siente pasión por el magisterio y que sintetiza la esencia de todas las generaciones de educadores, a esos que agradecemos cada día por existir, por pertenecer al gran ejército de soldados de la Patria  que aman y fundan que ayudan a crecer y crecen.

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