Para Ileana María Jiménez Falls, maestra de la escuela “Alipio Carrillo Zamora” de la comunidad de La Fe en el municipio de Amancio, es una práctica diaria el precepto martiano de que “Educar es una obra de infinito amor…”.

Inició muy joven sus labores como docentes y hoy cuenta con 30 años de experiencia en la formación de las nuevas generaciones de amancieros.

Sus alumnos son parte de su vida, comenzó a trabajar en ese centro cuando aún era de madera junto a la maestra Omiliana Vázquez que ya esta jubilada del sector.

Siente orgullo de su profesión porque de por sus aulas han pasado infinidad de niños que ya son hombres y mujeres, y son médicos, ingenieros, técnicos de distintas especialidades y hasta docentes que exhiben categorías científicas de maestrías.

En estos momentos se desempeña como jefa de ciclo en el centro una tarea que lleva tiempo y no es nada fácil, pero con el amor que le impregna a su trabajo todo lo que se propone lo logra.

Ser educadora tiene un significado especial porque se convierte más que en la persona que se encarga de enseñar letras y números a los estudiantes en el aula, en quien los orienta, los educa, se preocupa por sus problemas y se alegra por sus avances; para ella es un orgullo, es gratificante la profesión que escogió.

Ileana María Jiménez Falls, tiene retos que cumplir ya cumplió con el de licenciarse en maestra de la Educación Primaria, hacer una maestría en Ciencias de la Educación, ahora aspira a llegar al doctorado, para crecer como profesional y continuar dando lo mejor para que la educación cubana continué siendo de referencia para el mundo.

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